La buena vida

El 31 de agosto terminé seis meses coordinando un nuevo Aprender Trabajando. Aún siendo fácil engañarse por lo emocionante de haber convivido durante seis meses con primero 20, luego 16 y al final 10 personas-toberllino, vuelvo a pensar que de todos los programas de orientación-empleo en los que he participado (y humildemente les digo que no han sido pocos) es el que mejor dirección y metodología sigue. Y no lo digo por su definición o su planteamiento técnico o pedagógico, sino por la orientación radicalmente práctica y por los resultados que se alcanzan. Su objetivo: (re)enganchar a jóvenes entre 18 y 30 años en situación de desventaja social (educativa-formativa-económica) en un proyecto personal que les permita darle una vuelta al guión que parecían traer escrito. Esto quiere decir volver a retomar los estudios que en su momento abandonaron y aprender una ocupación con practicas reales durante 5 meses integrados en equipos de trabajo profesionales y exigentes. Significa participar en una exigente carrera en la que la mayoría de ellos tienen que hacer cosas que nunca han hecho o que hace tiempo dejaron de hacer por unos motivos u otros.

Sin duda son los resultados de esta iniciativa su mejor argumento. Se trata de un proyecto  práctico y radicalmente humano (ya que va a la raíz -la educación y el empleo- de la lucha por los derechos humanos de todas las personas)  que lideran la Fundación Secretariado Gitano y la Cruz Roja con el apoyo de la Fundación Obra Social “la Caixa” y que implica a importantes empresas de distintos sectores repartidas por todo el territorio (Carrefour, Lidl, Alcampo, Luis Piña, Leroy Merlin, Brico Cepot, C&A, Conforama, Eroski, AC Hoteles,…)

Más allá de estas cuestiones, seis meses trabajando, conviviendo, recibiendo y exigiendo con 20 jóvenes te lleva a participar de muchas conversaciones y conocer muchas historias y todo ello te permite re-situar en un  marco diferente palabras, conceptos y experiencias que podrían sentirse o entenderse extrañas rodeadas de otra paleta de colores diferente.

He tenido la suerte de trabajar en otros proyectos con grupos muy diferentes, ahora han sido personas gitanas, pero en otras ocasiones fueron estudiantes universitarios, coordinadores de equipos de grandes empresas, grupos de jóvenes abogados, trabajadores sanitarios, equipos de docentes, personas con discapacidad física, o intelectual, jóvenes y mujeres inmigrantes, etc.

Les aseguro que se observan caminos estrechos y anchos en todos ellos, que parece haber verdades e imposturas en unos y otros, que aunque unos anden como de puntillas con la sutileza de Nureyev y otros den pasos patinzambos de gigante como Tkachenko, es la misma gravedad la que les afecta y las mismas leyes del comportamiento humano lo que les hace hacer lo que hacen y decir lo que dicen.

Todos buscan una “buena vida”, que todo les vaya mejor, en su vida personal, en su trabajo, con ellos mismos, con sus familias,… En ultima instancia la formación y la consultoría aquí tienen su razón de ser y su marco en el que actuar. Pero se ha de tener cuidado en esto de la “buena vida”, ya que, además de una dirección, existe un riesgo para los que trabajamos con colectivos tan diferentes. No podemos asumir que hay una “buena vida” normal, igual para todas las personas. Descubrir y aprender lo que quiera que signifique esa “buena vida” cosida de pasados para cada uno, es una buena manera de desenmascarar y desafiar las etiquetas y actitudes de discriminación hacia las personas con discapacidad, los inmigrantes, las personas gitanas y de todas aquellas que aún comparten situaciones de exclusión y discriminación y que no han de negar su orgullo e identidad para exigir y participar de los derechos que por humanos les pertenecen.

Gracias a mis compañeros de la FSG de Jaén por su ayuda y el gran trabajo de selección previa que hicieron, y gracias especialmente a mis alumnos de este año por volver a recordarme que hay muchas dignas buenas vidas y sobre todo por el esfuerzo que habéis hecho para que la vuestra tenga la dirección que habéis marcado y por luchar con ahínco por ella.

 

Nota: El vídeo que aparece más arriba, más que un encargo, fue un reto que le propusimos al equipo de Gudmornin. “¿Seríais capaces de hacer un vídeo en escasas dos semansa que reflejara en qué consiste el Aprender Trabajando y que a la vez contara lo que ha supuesto la experiencia para nuestros alumnos?” Antonio, que contestó a  mi llamada de teléfono, con la humildad y a la vez la seguridad que le caracteriza me pidió la información que necesitaba. A las pocas horas tenía su correo aceptando la propuesta. Yo estaba seguro que podrían con ello. Y lo consiguieron, ¡delante de Dios que lo consiguieron!.

 

 

 

Aristóteles para coaches.

Stagecoach-1939

Siendo uno de los principales papeles del coach el de “facilitador que ayuda a encontrar respuestas y liberar el potencial que las personas llevan, aveces sin saberlo, en su interior”. Y siendo este discurso de las potencialidades, de las capacidades y el dentro/fuera un relato muy extendido y entendido de manera literal, convendría releer y recordar de cuando en cuando estas cosas.

Coaching y Aristóteles

Nota: El texto es parte de la ponencia del profesor Marino Pérez Álvarez en las V Jornada Psicología y Coaching.

 

 

Sobre orientación y consultoría.

El pasado 27 de julio participé en la Jornadas de Empleo y Marca Personal que organizó la II Lanzadera de Empleo de Andújar. Aquí dejo algunas reflexiones al hilo de la pequeña charla que hice: “optimismo para cobardes: Instrucciones de uso para buscadores de empleo”

La orientación profesional y la consultoría son a veces ese terreno líquido e incierto en el que personas de ciencia hablan de empresa, exitosas emprendedoras de educación y desarrollo personal o managers y coachs de aprendizaje, de cambio, motivación, felicidad,…

Todo ello suele ofrecerse empaquetado en un discurso atractivo, con relatos bien contados y bien hechos (en el sentido de ser atractivos para una amplia mayoría), sin embargo muchos de ellos suelen ofrecer cómos y porqués bastante simples y reduccionistas, con explicaciones mecánicas y descontextualizadas alejadas de la compleja realidad y con un lenguaje que encaja muy bien con la manera común de entender el mundo y el comportamiento humano, que suele ser bastante dualista (mente-cuerpo), lineal y mecanicista (causa-efecto). Tal vez por ello y por esta cultura de la inmediatez, del todo a 100 y de lo fácil y rápido tienen tanto impacto muchos de estos mensajes ya no sólo en el ámbitos profesional de la empresa, la orientación o la consultoría, también en el lenguaje ordinario, en la manera de hablar -y por tanto de pensar, de relacionarnos o de actuar-  de la mayoría de los que estamos.

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No ha de extrañar por tanto que expresiones como resilencia, inteligencia emocional, empoderamiento, desaprendizaje, aprender a aprender, motivación, zona de confort, etc. sean de uso cotidiano más allá de los ámbitos en los que éstas se inventaron. Es el triunfo de un lenguaje, que es un producto de consumo en sí mismo y que llevará por tanto a buscar y demandar un tipo determinado de bienestar, de salud, de educación, de orientación, de formación de profesionales, de gestión de recursos humanos,…

Optimismo para cobardesss

No hablo aquí con ironía, crítica velada alguna o sugerencia oculta de conspiraciones extrañas de un tipo de profesionales o de poderosos lobbies del liberalismo o la “happiología”. La extensión de estos relatos a los distintos ámbitos públicos y privados de la sociedad ocurre principalmente de manera natural y orgánica porque funcionan en el contexto biográfico, verbal y social en el que estamos. Por tanto de manera espontánea y sin intención, muchos profesionales – muy bien reputados muchos de ellos- pudieran caer en una simple, pero a la vez atractiva, venta de humo, nada que debiera extrañarnos en una sociedad gaseosa como la que nos habita.

Optimismo para cobardess

Nada se debería reprochar por tanto a la mayoría (empleados, padres, buscadores de empleo,…) que acaban integrando estos conceptos en sus conversaciones cotidianas y su manera de actuar, trabajar y de explicar (o tal vez justificar, que es bien distinto) su propio comportamiento y el de los demás.  Sí deberíamos sin embargo exigir a docentes, formadores, consultores, profesionales de recursos humanos, coach, periodistas ,… una mejor especialización, mayor base científica y rigor conceptual a la hora de ejercer su trabajo, escribir o divulgar sobre estos temas. Deberían reconocer que más allá de su sentido metafórico, muchos de estos términos no tienen un referente independiente con una base científica rigurosa ni seria. Que el uso que se hace de muchos de estos “nuevos” términos, ofreciéndolos como factores determinantes y causales del comportamiento humano o las organizaciones, no son más que mera tautología, descripciones convertidas en explicaciones causales que nada explican. Que pueden ser conceptos vacíos, que poco o nada nuevo aportan (porque ya se sabe: “lo nuevo no siempre es bueno y lo bueno no siempre es nuevo”) o que incluso pueden llegar a tener efectos contrarios a los que se desean o se predican si no se tienen en cuenta algunas cuestiones de tipo conceptual y contextual importantes. Pero éstas son ya asunto del siguiente post.

Lo difícil y lo complicado, retos de un plan de formación.

pexels-photo-71241Comencé hace seis meses a colaborar,junto con Juan Luis Hueso, con el Instituto Avanza en el diseño de un plan de formación para Quirónsalud. Se trata de un ambicioso proyecto, coordinado de manera excelente por Pablo Fernández Hontoria, que en su fase actual apunta a dos escenarios claves: por un lado al desarrollo de acciones formativas estandarizadas de “Trato y tratamiento” para todos los profesionales de primer contacto del grupo Quirónsalud, y en segundo lugar al entrenamiento y acompañamiento de un grupo de formadores internos especialistas en “Trato y tratamiento”.

Este proyecto planteaba desde el primer momento distintos retos. Apunto sólo dos de ellos:

Las verdaderas expertas. Los profesionales a los que se dirigen estas acciones formativas son en su gran mayoría profesionales (mujeres) con muchos años de experiencia en su trabajo. Si la palabra experto se deriva de la palabra experiencia, sin lugar a dudas son ellas las auténticas expertas en todo lo relacionado con el trabajo y la atención directa con personas. Entonces, ¿qué valor realmente  importante y diferencial podríamos aportar a profesionales con 6, 8, 14, 22 o hasta 33 años de experiencia?

Lo difícil y lo complicado. Diseñar y levantar un puente o un rascacielos es muy difícil, requiere mucho trabajo y dedicación hasta alcanzar el dominio de unos conocimientos muy específicos y una preparación previa muy profunda. En todos estos casos el buen trabajo realizado por buenos profesionales es admirable y nunca pasa desapercibido. En este tipo de trabajos, como diseñar el Golden Gate o la Pirámide Guiza, los profesionales que los realizan controlan prácticamente el 100% de las variables de las que dependen que esas construcciones se mantengan en pie y cumplan su función durante cientos o miles de años. Por el contrario, trabajar con personas es menos difícil, requiere una menor especialización preparación previa, sin embargo puede ser muy complicado. Su especial dificultad radica en que el comportamiento humano no tiene una naturaleza mecánica o computacional, con claras relaciones causa-efecto, sino que es una realidad multicausal, histórica, contextual y biográfica. Esto significa que las personas que trabajan con personas controlan un porcentaje muy pequeño de las variables que finalmente determinarán su conducta final. La carga de trabajo para poder dedicarle más o menos tiempo a cada persona, el  nivel de hostilidad/amabilidad, paciencia/impaciencia previo con el que llegan, la educación y buenas/malas maneras de cada cual, la preocupación, la ansiedad o el miedo ante una posible enfermedad, el tiempo de espera,… son todas ellas variables que afectan al trabajo con los pacientes y sus familiares y sobre los que las profesionales de primer contacto en un centro de salud tienen muy limitada (a veces ninguna) capacidad de control. Por otro lado en el contexto sanitario, estas funciones administrativas de atención a las personas son tan importantes como invisibles muchas veces.  ¿Qué consecuencias tiene esta “invisibilidad” y  falta de control sobre factores que tanto pueden afectar al resultado final del trabajo? ¿Cómo afecta este hecho a la motivación, y al (buen) trabajo de los profesionales?

Conscientes de esta realidad, en este punto se nos planteaba el segundo reto: ¿Cómo enfocar el diseño de nuestras acciones formativas teniendo en cuenta estas circunstancias, acogiendo sus razonadas -y muchas veces justas- quejas que seguro que aparecerían, sin quedarnos atascados en ellas, e incluso utilizarlas como impulso para (re)construir algunos mensajes poderosos? Y además, ¿Cómo lograrlo sin caer en la happiología fácil del positivismo individualista y el coaching de todo a 100, tan efectista pero a la vez tan poco efectivo?

La respuesta que finalmente dimos a estos retos se basó en analizar en términos de  experiencias formativas en lugar de en acciones formativas. Esto implicaba desplazar a los contenidos del centro de nuestro diseño para situar en el mismo a las personas que participarían, poner nuestras coordenadas en la escala de sus experiencias en los contextos profesionales y de vida cotidiana que les toca vivir cada día. Para hacerlo así hemos basado nuestro trabajo en tres pilares: Humildad, conversaciones y trabajo basado en valores.

Pero este es otro tema que seguiré contando otro día.