No somos nuestro cerebro.

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No, por mas que lo diga El Pais, no somos nuestro cerebro.

Si quieren hacer de nosotros ciudadanos cultos, sensibles, con empatía, madres y padres sensatamente imperfectos o adolescentes responsables, más valdría que nos educaran con buenas colecciones de historia,  de música, filosofía, antropología, de biografías memorables o de buena psicología.

Ni la pasión ni el el amor está en nuestros corazones, ni la empatía en las neuronas espejo, ni la moralidad en la oxitocina.

Ya sé que es gratuito y osado hablar sin haberlos leído, pero es que estas colecciones de divulgación que relacionan cerebro y psicología (comportamiento, toma de decisiones, educación, vivir al fin y al cabo) visto lo visto, son para echarse a temblar.

 

Ensimismados.

 

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A veces la belleza nos pisa los talones, y nosotros, ensimismados,  no nos dejamos atrapar. Podemos observarlo paseando por algunas ciudades, ante el horizonte de la Alhambra o a la sombra del Coliseo, entre las callejuelas del Albayzín o las del Trastévere.

La relación entre el paisaje y la mirada del visitante transforma a veces los lugares en no lugares, los espacios relacionales y los lugares practicados en conquistas para Instagram sin mayor satisfacción ni expectativa que el numero de likes a conseguir.

Algunas ciudades, sus maravillosos barrios y monumentos, ya no son viajes en el tiempo, espacios existenciales de una experiencia de relación con el mundo y su historia. Ahora son escenarios para un selfie en el que la naturaleza del espectáculo no pareciera importar demasiado, donde el verdadero espectáculo fuese el propio individuo, espectador de sí mismo, creador y protagonista de su propia escena.

Y así pasan estos monumentos de lugares a no lugares, de espacios de conocimiento a espacios de reconocimiento de un yo arrogante, encantado de (re)conocerse a sí mismo, y tal vez tan ignorante como antes de comenzar el no-viaje.

¿Pleonasmo o impostura?

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Ya sé que no tiene mayor importancia, que no es más que una manera de contar las cosas, nuestra manera de utilizar el lenguaje cotidiano. No obstante conviene estar alertar del lenguaje, porque ya se sabe que a veces las palabras las carga el diablo y en muchas ocasiones dicen más nuestras palabras por lo que no dicen que por lo que pretenden describir. De esta manera la frase “El falso vidente que abusó de dos “pacientes” irá a prisión” pareciera implicar que existen videntes verdaderos, personas que realmente y de manera cierta tienen la facultad de adivinar el futuro.

¿Nos referimos a la misma categoría de cosas cuando hablamos de falsos médicos, falsos policías o falsos psicólogos que cuando se habla de falsos videntes? El lenguaje permite estas cosas y a veces ayuda a crear una realidad más o menos sana, más o menos justa o más o menos supersticiosa. Tal vez los efectos del lenguaje no son tan ingenuos como se pudiera pensar  y los medios de comunicación deberían cuidar un poquito más estas cosas.

Más allá de la impostura que crea tan inocente titular, más allá de que se utilice en el artículo el término “paciente” –propio del campo verbal de la salud- en el mismo contexto lingüístico  de la práctica de la videncia y la cartomancia, más allá de que el adjetivo de “falso” (vidente) le pueda restar protagonismo al grave comportamiento delictivo en sí (el abuso de dos mujeres); mientras lo leía, preferí imaginar que el articulista no hacia otra cosa sino jugar con las palabras en el titular para crear un sutil pleonasmo.

Cerebro, educación y prensa amarilla.

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Neuroeducación, una disciplina de todo a cien.

Pareciera que a veces los medios de comunicación serios no fuesen más que prensa amarilla cuando informan sobre noticias científicas, especialmente aquellas que tienen que ver con temas relacionados con la educación y la psicología. Me refiero a ejemplos como este, este, este o este.

En la mayoría de esos casos, a partir de estudios concretos de la fisiología y la estructura cerebral se habla con una seguridad pasmosa -poco propia de la prudencia que caracteriza a la ciencia- de infalibles conclusiones y consejos prácticos para padres, alumnado y docentes . A pesar de los problemas metodológicos y de diseño experimental , a pesar de los problemas de replicabilidad y de validez externa e interna que están demostrando tener muchos de estas investigaciones (por ejemplo aquí, aquí y aquí), y a pesar de los problemas epistemológicos de base que presentan (aquí o aquí), estos estudios tienen una gran difusión por parte de medios de comunicación globales de mucha influencia en nuestra sociedad. Al mismo tiempo estas noticias fortalecen neuromitos que suelen tener una gran aceptación y acogida entre la población general y entre padres, madres, psicólogos, educadores o maestros y otros profesionales que se dejan deslumbrar por la moda cool del cerebrocentrismo y que militan con entusiasmo en esa nueva ola, mas efectista que efectiva, empeñada en aplicar en las escuelas la neuroeducación, el coaching, el mindfullness, etc. tal y como lo cuentan en la prensa, confundiendo lo bueno con lo nuevo y la realidad con el deseo.

Al Cesar lo que es del Cesar.

No dudo de que muchos neurocientíficios sean magníficos profesionales, excelentes científicos y doctores llenos de buenas intenciones, y que realizan un trabajo importante. Pero creo que no pocas veces cuando hablan de educación se lían y  se precipitan cuando lanzan orientaciones prácticas y realizan algunas afirmaciones categóricas (a veces disparatadas y sin ningún apoyo en la evidencia) sobre cómo se debe enseñar en las escuelas. Los expertos en metodología y en educación son (o deberían ser) los profesores, y no los neurocientificos, ni los coach, ni los bioneuroeducadores, ni los expertos en mindfullness, en inteligencia emocional, ni los políticos, ni los oradores estrella,..

El cerebro no se emociona, ni recuerda, ni aprende, somos las personas las que lo hacemos. Claro, es necesario para ello una persona con un cerebro, pero también con unos sentidos, y una biografía y un contexto.

Esto no es negar la importancia y la necesidad de la neurociencia, es tan solo señalar que la educación, el aprendizaje, el comportamiento, las relaciones sociales, el arte, la creatividad,….. y la neurociencia implican niveles de estudio diferentes. No se invalidan por tanto una disciplina a la otra, simplemente están respondiendo a preguntas diferentes y los riesgos aparecen cuando se responde taxativamente desde la neurociencia a preguntas que deberían responder los profesionales de la enseñanza y el aprendizaje.

Que el cerebro humano no haya cambiado en los últimos 15000 años, como dice el Dr Francisco Mora, no quiere decir que no sean totalmente diferentes los niños del paleolítico a los del S.XXI. Posiblemente un neurocientífico al microscopio no sea capaz de distinguir el cerebro de un niño al de otro, ni sus imágenes en funcionamiento o su estructura, pero te aseguro que un buen profesor sí será capaz de diferenciarlos e incluso de adaptar con buen criterio su forma de enseñarles con dos métodos totalmente diferentes a pesar de que el cerebro sea exactamente el mismo.

De Mágico González a Bernini

Un nivel de conocimiento implica saber cómo funciona el cerebro humano, otro nivel diferente saber cómo aprendemos las personas. Se trata de dos conocimiento relacionados, pero requieren  análisis y respuestas desde campos verbales distintos. En última instancia, la física, la química y la biología están en la base de cualquier elemento de la naturaleza, de cualquier ser vivo o de cualquier comportamiento, sin embargo no podemos reducir, entender o explicar los cómo y los porqués de la música de Mozart, de los goles de Mágico Gonzalez, o del Rapto de Proserpina de Bernini tan solo en función de la ley de la gravedad, de las moléculas de carbono,  del adn o los circuitos neuronales de Mozart, de Mágico González o Bernini.

La neurociencia puede llegar a identificar inequívocamente cuánto tiempo y qué parte del cerebro se activa cuando un niño se emociona o atiende, pero esas imágenes no pueden explicar porqué el niño atiende o se emociona, ni la función o el significado de esa emoción o de un recuerdo para ese niño concreto. Esto requeriría un análisis contextual coherente que tenga en cuenta otras muchas variables y que ayude a darle sentido a esos datos neurológicos. Sin este análisis, leer las imágenes coloreadas del cerebro y derivar conclusiones tajantes para la educación puede ser poco más que leer los posos del café para interpretar la personalidad. Aconsejar, a partir de algunas observaciones realizdas en situaciones controladas, que las clases no deberían extenderse más allá de 10 minutos, no sólo refleja tener un gran desconocimiento de la educación y de lo que ocurre en  los salones de clase, sino que además es limitar las tremendas posibilidades de esos niños y sus cerebros.  Se puede ser un excelente neurocientífico y un pésimo profesor.

La necesaria paciencia de la ciencia y la medicalización de la educación.

No se trata de un enfrentamiento de una parte de la psicología-educación frente a la neuroeducación, hay reconocidos científicos del cerebro que se toman con mucha más parsimonia esto de sacar conclusiones precipitadas a la vida cotidiana y de hacer interpretaciones de sus hallazgos. Explica bien muchas de estas cosas la neurocientífica Molly Crockett en este TED.

Creo que se está “biologizando” y medicalizando demasiado la educación y el aprendizaje y creo que eso no es bueno. Creo que se trata de un reduccionismo mecanicista demasiado simple que no explica bien la complejidad multicausal del aprendizaje, del desarrollo y el comportamiento humano. Creo que los profes necesitamos una aproximación al tema menos cerebrocéntrica, basada en la evidencia y más humanista.


Nota: Si te interesa esto de la educación,  y el día 17 de marzo estás cerca de Bilbao, tal vez te resulte más útil acercarte a estas jornadas que muchos tratados sobre neuroeducación. Yo no me lo perdería, ¡mala suerte estar tan lejos!.

La revolución educativa.

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Creo en una educación revolucionaria, una educación que remueve el corazón, las cabezas y las manos de las personas. Una educación inconformista y socialmente comprometida, una educación que cambia el orden de las cosas y que ofrece la posibilidad de transformar la vida y el destino que traemos escrito en el adn económico y social de la familia que nos ha parido. Una educación que ofrece los recursos que permiten que la hija de una familia humilde,sin otro horizonte que las temporadas de vendimia o de recogida de aceituna, esté hoy en su segundo año de MIR, y que haya cambiado así su suerte y la de su familia permitiéndoles inventar un futuro que ni en sus mejores sueños habrían imaginado.

Echo de menos esta visión en las (no tan) nuevas propuestas pedagógicas que ponen la felicidad en el centro y como principal objetivo de las escuelas. Como decía, creo en una educación revolucionaria, y no creo que la felicidad sea lo revolucionario, sino el saber, la filosofía, la lengua, la física, el arte,  la literatura, la historia, las matemáticas,…. el esfuerzo por superarnos y aprender y aplicar los conocimientos acumulados que siempre nos han hecho avanzar como personas y como especie. En gran medida es todo esto lo que permite darle la vuelta al orden de las cosas, que nuestra vida sea cada vez más digna y que podamos dar lo mejor de nosotros mismos a la sociedad a la que pertenecemos.

Por supuesto que todo este aprendizaje y el disfrute, el coraje y el trabajo que conlleva, debe ocurrir con los mayores recursos y  las mejores prácticas educativas basadas en la evidencia, y siempre en un escenario de cuidado, de cariño, de respeto, de seguridad, de atención y de un apoyo radical a aquellos alumnos que lo necesiten. Cuando así ocurren las cosas, nuestros hijos y nuestras hijas aprenden que el esfuerzo y los retos, incluso las derrotas, no solo no son incompatible con la felicidad de vivir, sino que son imprescindibles para ella.

 

“La revolución educativa” aparece primero en Ideas poderosas.

 

 

La salud mental de la UNIA

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Por segundo año consecutivo desde el Campus Antonio Machado de Baeza, la Universidad internacional de Andalucía organiza su “Aula de experiencia”, un espacio universitario destinado a ofrecer a los mayores la oportunidad de acceder a la formación continua en diversas áreas (científica, cultural, social y tecnológica) cuando ya han alcanzado el fin de su etapa laboral activa.

Por segundo año consecutivo desde ideas poderosas tenemos el honor de participar en la programación de talleres que se ofrecen dentro de esta formación. Para este curso el tema que hemos elegido ha sido: “La salud mental: entendiendo los problemas psicológicos de la vida cotidiana”. Las fechas de celebración serán el 15, 16, 22 y 23 de Junio en horario de tarde. El coste de la matrícula: 8 euros.
Para más información sobre el taller hacer click aquí.

Algunos porqués 

  • Porque desde nuestra formación y experiencia profesional como psicólogos especialistas en psicología clínica creemos en la necesidad y en la utilidad personal y social de una psicología seria, basada en las evidencias y con un importante compromiso social.
  • Porque creemos que, ante la visión actual predominante de la salud mental excesivamente medicalizada, se necesita difundir una aproximación a los problemas psicológicos desde una perspectiva contextual y biográfica que ayude a entender(nos) y a cuidar(nos) desde los valores y la responsabilidad y sin la necesidad de patologizar nuestra vida cotidiana.
  • Porque, pensamos que la normalidad y la felicidad no son el principal objetivo a perseguir si queremos estar sanos psicológicamente, ni para vivir bien, ni si quiera para ser felices. Reivindicar el derecho a no ser perfectos, “normales” o a no encontrarnos siempre bien y felices es importante para dirigir nuestra vida y comenzar a trabajar sobre nuestro bienestar personal.
  • Porque pensamos que las personas mayores, desde sus grandes triunfos y desde sus derrotas memorables, tienen mucho que aportar y mucho que enseñar en esto de la “salud mental”. La intersección de sus vivencias personales con algunos conocimientos desde la psicología pueden ser de gran utilidad tanto para ellas mismas, como para las personas con las que conviven por el papel que desempeñan como personas consejeras, educadoras, padres y madres o abuelos y abuelas.

¿Qué haremos?
Nuestro taller no pretende ser un tratamiento, ni una clase magistral, es una pequeña y humilde invitación a conversar sobre estos temas, a (re)descubrir (desde el rigor científico, las experiencias vitales y el sentido común) algo más sobre problemas psicológicos como la depresión, la ansiedad, el TDAH,… Es una taza de café a media tarde entre muchas historias y muchas preguntas en el escenario mágico de Baeza.

La salud mental de la UNIA.
Como veremos en nuestro taller, algunas de las claves para una “salud mental” óptima tienen que ver con la flexibilidad, la aceptación de los retos y las situaciones difíciles, el compromiso con valores personales y sociales relevantes, con saber lo que se quiere y con dar un paso adelante y actuar en función de dichos valores y propósitos. Si esto es así, el Campus Antonio Machado de la UNIA en Baeza parece tener una salud de hierro. Enhorabuena por vuestro compromiso con las personas mayores de nuestra provincia y gracias por contar con nosotros.

 

“La salud mental en la UNIA” aparece primero en ideaspoderosas.com

“Lo sabía”

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Esta semana comenzaba una nueva edición de las “Jornadas de iniciación al voluntariado” que  cada año organiza la Universidad de Jaén. Se trata de un curso 25 horas donde se analiza el marco legislativo y la organización de las acciones de voluntariado, su dimensión ética y social, y además se dan a conocer las posibilidades de participación y el papel de voluntarias/os desde la experiencia de distintas entidades y temáticas (universidad, medio ambiente o discapacidad, entre otras)

El jueves pasado tocaba hablar de voluntariado y discapacidad y como cada año, desde hace 5 ediciones, me volvieron a invitar para abrir el tema. Se trataba de comenzar el día con el objetivo de introducir qué es eso que llamamos discapacidad-diversidad funcional y establecer las diferencias entre deficiencia/discapacidad y entre  autonomía/independencia. No son éstas cuestiones menores, los conceptos bien definidos nos ayudan analizar lo que quiera que sea la (a)normalidad más allá de los límites que el uso cotidiano del lenguaje impone. Los conceptos bien definidos nos ponen a cada uno en nuestro sitio, cara a cara con nuestras responsabilidades, no sólo frente a las miserias que, muchas veces sin saber causamos, sino también frente a las posibilidades y las armas que tenemos para luchar para cambiar el mundo. Se trata de  descubrir porqués donde antes sólo había viejas prácticas y falsas excusas.

Analizamos por tanto las trampas del lenguaje, la ceguera que produce lo evidente, y cómo los estereotipos -que nos tienen poseídos- nos incapacitan para generar experiencias e interacciones que ayudarían a los demás a ser lo que quieren y pueden llegar a ser, y a nosotros a poner un  gran angular en nuestros ojos y dejar entrar de una vez por todas en nuestras cabezas las increíbles y diversas posibilidades de ser humanos.

Hablamos también de la importancia de saber despatologizar y de desmitificar a las personas con discapacidad, porque la discapacidad no es una enfermedad y porque eso de que “la única discapacidad en la vida es una mala actitud”, además de pornografía inspiracional, podría no ser más que una bonita impostura donde la sociedad, cada uno de nosotros y los que nos mandan, podemos lavar la gran responsabilidad que tenemos en nuestras manos para que la igualdad sea un derecho por haber nacido y no sólo para superhéroes. Entre lo trágico y lo heroico  está la vida de la mayoría, llena de matices y de posibilidades, y ése es el principal escenario donde las personas voluntarias tendremos que actuar.

A través de pequeñas actividades y de muchas historias insistimos a lo largo de la mañana  en la importancia de tener claros los valores personales y los porqués de ser voluntarias, la importancia  de sentirnos identificados con los valores y la misión de las entidades con las que vamos a colaborar, y en la importancia de ser personas expertas en personas, en comunicación, en escucha y en coraje.

Al terminar mi clase se  acercó una alumna y  me preguntó porqué, mientras se definían algunos conceptos o se explicaban algunas clasificaciones, no había utilizado en la presentación ninguna foto  de personas con discapacidades o imágenes de objetos que pudieran identificarse con ellas (como bastones, muletas, gafas o sillas de ruedas,…), sino que sobre todo aparecían fotos de “personas normales” (ella también lo dijo poniendo sus dedos entre comillas).

Me gustó la pregunta. Unos días antes, mientras preparaba mi clase, pensé que era una contradicción insistir en la idea de mirar más allá de los estereotipos, de la importancia de saber mirar para descubrir todo lo que la evidencia oculta, y sin embargo seguir mostrando lo esperable en las imágenes que ilustraban mis explicaciones. Entonces decidí hacer un pequeño experimento en mi ponencia: cuando tuviera que hablar sobre diversidad funcional en la presentación habría personas con discapacidad que no mostrarían lo elemental, aquellos rasgos que además ya sabemos o esperamos y que a la vez nos ciegan a otros aspectos de su forma de estar en el mundo.

“¿Acaso una persona con discapacidad física, incluso una usuaria de silla de ruedas, no puede estar sentada sobre una roca con sus converse puestas?” Le respondí. Entonces está alumna  miró al suelo y, soltando una pequeña sonrisa, dijo: “lo sabía”.