“Lo sabía”

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Esta semana comenzaba una nueva edición de las “Jornadas de iniciación al voluntariado” que  cada año organiza la Universidad de Jaén. Se trata de un curso 25 horas donde se analiza el marco legislativo y la organización de las acciones de voluntariado, su dimensión ética y social, y además se dan a conocer las posibilidades de participación y el papel de voluntarias/os desde la experiencia de distintas entidades y temáticas (universidad, medio ambiente o discapacidad, entre otras)

El jueves pasado tocaba hablar de voluntariado y discapacidad y como cada año, desde hace 5 ediciones, me volvieron a invitar para abrir el tema. Se trataba de comenzar el día con el objetivo de introducir qué es eso que llamamos discapacidad-diversidad funcional y establecer las diferencias entre deficiencia/discapacidad y entre  autonomía/independencia. No son éstas cuestiones menores, los conceptos bien definidos nos ayudan analizar lo que quiera que sea la (a)normalidad más allá de los límites que el uso cotidiano del lenguaje impone. Los conceptos bien definidos nos ponen a cada uno en nuestro sitio, cara a cara con nuestras responsabilidades, no sólo frente a las miserias que, muchas veces sin saber causamos, sino también frente a las posibilidades y las armas que tenemos para luchar para cambiar el mundo. Se trata de  descubrir porqués donde antes sólo había viejas prácticas y falsas excusas.

Analizamos por tanto las trampas del lenguaje, la ceguera que produce lo evidente, y cómo los estereotipos -que nos tienen poseídos- nos incapacitan para generar experiencias e interacciones que ayudarían a los demás a ser lo que quieren y pueden llegar a ser, y a nosotros a poner un  gran angular en nuestros ojos y dejar entrar de una vez por todas en nuestras cabezas las increíbles y diversas posibilidades de ser humanos.

Hablamos también de la importancia de saber despatologizar y de desmitificar a las personas con discapacidad, porque la discapacidad no es una enfermedad y porque eso de que “la única discapacidad en la vida es una mala actitud”, además de pornografía inspiracional, podría no ser más que una bonita impostura donde la sociedad, cada uno de nosotros y los que nos mandan, podemos lavar la gran responsabilidad que tenemos en nuestras manos para que la igualdad sea un derecho por haber nacido y no sólo para superhéroes. Entre lo trágico y lo heroico  está la vida de la mayoría, llena de matices y de posibilidades, y ése es el principal escenario donde las personas voluntarias tendremos que actuar.

A través de pequeñas actividades y de muchas historias insistimos a lo largo de la mañana  en la importancia de tener claros los valores personales y los porqués de ser voluntarias, la importancia  de sentirnos identificados con los valores y la misión de las entidades con las que vamos a colaborar, y en la importancia de ser personas expertas en personas, en comunicación, en escucha y en coraje.

Al terminar mi clase se  acercó una alumna y  me preguntó porqué, mientras se definían algunos conceptos o se explicaban algunas clasificaciones, no había utilizado en la presentación ninguna foto  de personas con discapacidades o imágenes de objetos que pudieran identificarse con ellas (como bastones, muletas, gafas o sillas de ruedas,…), sino que sobre todo aparecían fotos de “personas normales” (ella también lo dijo poniendo sus dedos entre comillas).

Me gustó la pregunta. Unos días antes, mientras preparaba mi clase, pensé que era una contradicción insistir en la idea de mirar más allá de los estereotipos, de la importancia de saber mirar para descubrir todo lo que la evidencia oculta, y sin embargo seguir mostrando lo esperable en las imágenes que ilustraban mis explicaciones. Entonces decidí hacer un pequeño experimento en mi ponencia: cuando tuviera que hablar sobre diversidad funcional en la presentación habría personas con discapacidad que no mostrarían lo elemental, aquellos rasgos que además ya sabemos o esperamos y que a la vez nos ciegan a otros aspectos de su forma de estar en el mundo.

“¿Acaso una persona con discapacidad física, incluso una usuaria de silla de ruedas, no puede estar sentada sobre una roca con sus converse puestas?” Le respondí. Entonces está alumna  miró al suelo y, soltando una pequeña sonrisa, dijo: “lo sabía”.

El big data y la solución de problemas complejos

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Las nuevas formas de estar en el mundo (educar, ser ciudadano, viajar, comunicarnos, ser madres, comer, hacer deporte, aprender, consumir…) y de interaccionar con él, con uno mismo y con los demás a través de las nuevas tecnologías permiten la recolección continua de incontables datos de todo tipo. El almacenamiento y tratamiento de estos datos gracias a complicados algoritmos puede facilitar el análisis de problemas o realidades complejas: la predicción de tendencias en los mercados, de comportamientos individuales o colectivos,   el éxito de nuevos productos, la reacción de un grupo de ciudadanos ante nuevas decisiones que les puedan afectar, la (re)aparición de viejas y nuevas enfermedades,etc.

El acceso a tal cantidad de datos y su adecuado análisis puede ayudar en cierta manera a jugar a ser dioses, pues nos permite no sólo adelantarnos y ver el futuro, sino además construirlo, diseñar nuevos escenarios, nuevos problemas, nuevas soluciones, nuevos productos con los que la mayoría de las personas reaccionarán o interactuarán de la manera esperada,…

Más allá de estas cuestiones, los datos y las fórmulas tienen la capacidad de hacer invisibles a valores e ideologías. Pareciera que los datos pertenecen al ámbito de lo objetivo, que no están contaminados por la subjetividad, las creencias o los intereses personales o corporativos. Sin embargo no siempre es así, en muchas ocasiones esto no deja de ser más que un ingenuo deseo, en otras una interesada impostura. Los datos no son la realidad, los datos y sus algoritmos son una herramienta, una tecnología para medir, interpretar o intervenir en esa realidad.

En este escenario es importante entender en qué momentos el uso de grandes cantidades de datos para la solución de problemas complejos funciona de manera adecuada, ante qué preguntas y bajo qué condiciones es más probable que esta tecnología aporte conclusiones que sean verdaderamente ventajosas.  En esta charla TED, Sebastian Wernicke resalta el papel imprescindible que han de jugar los hombres y mujeres expertos en cada materia a la hora de analizar los resultados de estos complicados algoritmos y de asumir el riesgo de tomar decisiones a veces a favor a veces en contra de lo que el todopoderoso bigdata pudiera indicar.

So whenever you’re solving a complex problem, you’re doing essentially two things. The first one is, you take that problem apart into its bits and pieces so that you can deeply analyze those bits and pieces, and then of course you do the second part. You put all of these bits and pieces back together again to come to your conclusion. And sometimes you have to do it over again, but it’s always those two things: taking apart and putting back together again.

And now the crucial thing is that data and data analysis is only good for the first part. Data and data analysis, no matter how powerful, can only help you taking a problem apart and understanding its pieces. It’s not suited to put those pieces back together again and then to come to a conclusion. There’s another tool that can do that, and we all have it, and that tool is the brain. If there’s one thing a brain is good at, it’s taking bits and pieces back together again, even when you have incomplete information, and coming to a good conclusion, especially if it’s the brain of an expert.

 

 

Nota: La imagen es la pintura “El astrónomo”(1668), de Johannes Vermeer.

Estamos errando el disparo.

El jueves pasado Juan Luis Hueso y yo nos llevamos a nuestra criatura, Ideas Poderosas, a los previos del Foro de Emprendedores Lince 2015, que se celebrará el día 2 de diciembre.

Se organizaron esa mañana en IFEJA 5 mesas sectoriales diferentes (TIC, servicos, agroalimentario y comercio) y en cada una de ellas diferentes personas presentaban su propuesta  o algún aspecto de su empresa que quisieran dar a conocer ante representantes de entidades como la Asociación Cultural de Empresarios y Profesionales  PROA, la Universidad de Jaén, Caixa Bank o Caja Rural de Jaén -entre otras-. Todo ello con un formato ágil y dinámico: 5 minutos para presentar tu propuesta y 5 minutos para recibir preguntas.

Fue una buena experiencia, tuvimos la oportunidad de conocer buenas ideas  bien presentadas (de manera excelente algunas de ellas) por las personas que allí estuvieron. Disfrutamos y aprendimos.

Tras presentar nuestra idea y lanzar una propuesta final, nos preguntaron algo así: “después de vuestras acciones de formación, ¿qué hacéis para que el subidón de ánimo con el que salen los participantes se extienda en el tiempo y tenga efecto de vuelta a la vida y el trabajo cotidiano?” Fue una muy buena pregunta. Sin duda ésta es una de las claves de la formación y la consultoría. Más allá de todos los retos que esta pregunta plantea y de las posibles respuestas (respuestas que tienen que ver entre otras cosas con el enfoque ante el cambio, con un análisis funcional contextual e ideográfico de la situación que se desea cambiar, con los valores de la empresa -o sea de las personas en ella-, con el relato que sobre dichos problemas tienen las personas implicadas, con el uso de una metodología de aprendizaje experiencial basada en evidencias o con el uso planificado de las estrategias  de trasferencia adecuadas, etc.), como decía, más allá de lo apasionante que nos resulta reflexionar sobre estas cuestiones, la pregunta nos encantó.

Nos encantó porque es reflejo y resultado de lo que paso a paso, sesión a sesión, post a post, se está consiguiendo desde el trabajo de una gran número de consultores, formadores, psicólogos, coachs y neurothings: todas estas cosas consisten principalmente en generar ese “subidón”. Creemos que se empieza a recoger lo que se ha sembrado desde los fuegos de artificio, el buenismo y el positivismo sin piedad tan injustificado como jaleado desde una psicología y disciplinas afines -bajo nuestro punto de vista- mal entendidas.

La formación, la consultoría o la psicología son algo mucho más serio que tiene que ver con los principios del aprendizaje y análisis del comportamiento de las personas y de éstas en las organizaciones. Así, no tendría sentido darle entidad propia a la psicología positiva (¿donde está la negativa?), tiene sentido la psicología sería y bien hecha. Tampoco hemos descubierto nada diferencial o genuino y propio del coaching que aporte algo diferente a lo que ya se dice y se hace desde la psicología. Y así podríamos repasar otras “modas” de este tiempo excesivamente (mal) psicologizado.

No, no pensamos que la clave de la formación o el aprendizaje sea provocar ese “subidón” de autoestima, autoconfianza, automotivación (por nombrar sólo algunos de los componentes del parque móvil de la psicología). No es ese nuestro objetivo en las acciones que llevamos a cabo. Necesitamos la experiencia real, es decir también necesitamos la frustración, la vergüenza, el miedo, la derrota, los errores o exponernos a las propias limitaciones; y necesitamos tener muy claro nuestros motivos y nuestros valores y comprometernos seriamente con ellos. Es en el compromiso y el trayecto con esos valores donde se puede encontrar el sentido y la satisfacción personal/laboral de cualquier proceso de aprendizaje, y no en un optimismo infantil exacerbado ni en la tiranía de la felicidad como objetivo.

Estamos errando el disparo porque hemos equivocado el objetivo.

 

 

Publicación original: Ideas Poderosas

Sociología urbana: las ciudades que nos habitan.

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Comienza en la Universidad de Jaén este mes de noviembre el II Máster en Accesibilidad para Smart City: La Ciudad Global, dirigido por Yolanda María de la Fuente Robles, en el que tengo la suerte de participar como docente de uno de los bloques de contenidos: La ciudad y su evolución. Se trata de un tema en el que intento contextualizar la ciudad y lo urbano desde la sociología, haciendo un recorrido por las principales propuestas que sobre la ciudad han ofrecido las distintas corrientes que se han ocupado de ella a lo largo del último siglo.

No hay suficiente Prozac en el mundo para que la gente se sienta bien al caminar por algunas ciudades.

A lo largo de este tema intento reflexionar junto con el grupo de alumnosyas sobre la ciudad, la planificación y la arquitectura desde el punto de vista de la sociología: la ciudad como el escenario en el que se facilitan unos roles u otros, en el que la igualdad, la pobreza o la diversidad son más o menos probables. De alguna manera se trata de analizar el trabajo de arquitectos, urbanistas o políticos como auténticos diseñadores de las relaciones, emociones y experiencias (públicas y privadas) de los ciudadanos que habitan estos espacios.

Para celebrar el inicio del curso, traigo aquí uno de los vídeos que compartiré en el máster. Se trata de una charla TED de James Howard, ejecutada con un lenguaje directo y dinámico, con algunos toques de humor y con muchos ejemplos de ese vínculo entre cómo se diseña y organiza el espacio público y la vida y las emociones de las personas que lo (sobre)viven. Paréntesis necesario porque, como dice este crítico social, “no hay suficiente Prozac en el mundo para que la gente se sienta bien al caminar por algunas ciudades”.

Transcribo a continuación, entre los muchos que merece la pena compartir, algunos subrayados literales que podrás encontrar en de la charla TED si te animas a ver el vídeo (20 min).

“Tu capacidad de crear lugares significativos con calidad y carácter depende totalmente de tu capacidad de definir el espacio con edificios, y emplear los vocabularios, gramáticas, sintaxis, ritmos y patrones de la arquitectura que nos indiquen quiénes somos.(…) El ámbito público nos tiene que indicar no sólo dónde estamos geográficamente, sino que nos tiene que indicar dónde estamos en nuestra cultura. De dónde venimos, qué clase de personas somos, y tiene que darnos un vistazo de nuestro rumbo para así poder vivir en un presente alentador”.

“La vida a mediados del siglo 21 se centrará en vivir localmente. Estén preparados para ser buenos vecinos. Estén preparados para encontrar vocaciones que los hagan útiles a sus vecinos y conciudadanos”.

“Por favor, por favor, dejen de referirse a ustedes mismos como “consumidores”. Ser consumidor no es lo mismo que ser ciudadano. Los consumidores no tienen obligaciones, responsabilidades y deberes hacia sus prójimos. En la medida en que usen la palabra consumidor en la discusión pública, estarán degradando la calidad de la discusión que estamos entablando”.

Humildad y confianza: apuntes sobre un nuevo proceso de consultoría

Váyanse a descansar un rato y después vengan y me sacan de aquí.

Mañana comenzamos junto con Aula Integral de Formación un nuevo proceso de formación y consultoría con Hornipán Rangel, una empresa panificadora con sede en Bailén (Jaén) que, con un equipo de 45 personas, amasa diariamente 14 toneladas de harina y lleva su pan desde Barcelona hasta Algeciras. Detrás de Hornipán Rangel hay una historia (o mejor muchas historias) apasionante, una historia de mucho insomnio desesperado pero a la vez creativo, de mucho trabajo, innovación y de pequeñas y grandes conquistas, pero también una historia llena de derrotas memorables, de las que le hacen a uno mismo y a sus proyectos crecer y desarrollar autenticidad y un carácter propio.
Como siempre hacemos, antes de comenzar con el diseño de la acción formativa mantuvimos una entrevista con el gerente de la empresa, Alfonso Rangel. Se trataba de conocer las instalaciones y el proceso de trabajo in situ, conocer los valores que van en el adn de la historia de la empresa y que Alfonso quiere que corran por las venas y las relaciones de sus trabajadores/as, conocer la manera que tiene de comunicar y comunicarse con/entre ellos/as, acercarnos desde sus zapatos al tipo de conflictos y problemas que se dan entre ellos y las emociones que estas situaciones despiertan en él y en todo el equipo. En definitiva se trataba de hacer un análisis funcional de las relaciones y las situaciones “conflictivas” que en ocasiones suceden y de las interpretaciones que él hace acerca de porqué ocurren las mismas.
Según  observamos en nuestra visita y según  nos contó en la entrevista no es una empresa con frecuentes o intensos problemas entre sus trabajadores, ni tampoco interfieren estas relaciones de manera significativa y sistemática en el rendimiento ni la producción; tampoco está pasando por momentos de pérdidas o reducción de beneficios, más bien al contrario. Sin embargo, Alfonso de alguna manera quiere hacerles pensar sobre el ambiente emocional en el que trabajan, sobre “la confianza y la humildad en el trabajo” (son palabras suyas), sobre la cercanía, la cooperación y la empatía que existe entre ellos y cómo estos aspectos les puede afectar no sólo a su rendimiento, sino también a su manera de trabajar “a gusto” y de sentirse satisfechos de su trabajo y del equipo al que pertenecen.
Ya tenemos todo listo, mañana en las geniales instalaciones del Parque Científico y Tecnológico GEOLIT comenzamos con la primera de las tres sesiones que tendremos con la plantilla de trabajadores de la empresa con el fin de generar una experiencia compartida alejada del contexto laboral habitual. Pocas explicaciones y muchas conversaciones a partir de diversas actividades que provoquen lo mejor y lo peor de cada uno de ellos y que nos permitirán establecer equivalencias con las situaciones y comportamientos que ocurren de manera natural en su trabajo.

Nota:

El cercano 16 de noviembre hará 30 años que Omayra Sánchez Garzón, una niña de 13, moría víctima del volcán Nevado después de tres días atrapada en el lodo y los restos de su propia casa. Tras horas de trabajo de los bomberos y especialista que trataban de ayudarla a salir, la niña aún atrapada les dijo: “Váyanse a descansar un rato y después vengan y me sacan de aquí”.
Pocos ejemplos de humildad y confianza más  profundos que este me vienen ahora a la cabeza. Por eso la recordaremos mañana y le contaremos su historia al grupo, la mayoría de ellos tal vez nunca hayan oído hablar de Omayra, muchos de ellos no habían nacido aún. Creemos que será positivo llenar de contenido y referentes reales palabras como humildad y confianza, e imaginar cómo sería trabajar (o vivir) si fuésemos capaces de actuar de esa manera. Con humildad y confianza.

Publicación original en Ideas Poderosas

De la psicología clínica a la consultoría

nicolas-bouvier-1Tras doce años trabajando full time como psicólogo clínico es difícil aterrizar en la formación y la consultoría dejando a un lado experiencias, aprendizajes y perspectivas de ese tiempo. En Ideas Poderosas sabemos que este recorrido es una de las cosas que nos hace darle un matiz diferente a nuestra manera de diseñar nuestras acciones, de trabajar y de relacionarnos con nuestros clientes.

Conforme vamos completando proyectos nos vamos haciendo más conscientes de estas conexiones entre la clínica y la consultoría y la formación, conexiones que están más en los métodos y los conceptos que en los contenidos y los objetivo del ejercicio de la psicoterapia con nuestro principal trabajo a día de hoy. A lo largo de este tiempo hemos ido recogiendo -y así seguimos- estas equivalencias, esas maneras de hacer enraizadas en nuestros personajes de psicólogos clínicos que suelen aparecer de manera espontánea en nuestro trabajo actual, e intentamos sistematizarlas e integrarlas en una manera de trabajar más estratégica e intencionada dentro de nuestro papel como consultores y docentes.

Llegados a este punto, y como manera de ayudarme a organizar estas ideas, me propongo reflexionar en voz alta en una serie de…

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Positivismo sin piedad

Fotografía de J. Manuel Ballester

Fotografía de J. Manuel Ballester

Leía ayer este post de Julen Iturbe en el que compartía un texto del libro “La sociedad del cansancio”, de Byung-Chul Han, y que me hizo conectar con algunos apuntes e ideas que tengo recogidas. Consciente de mi ignorancia a cerca de los planteamientos de este autor (las citas que recoge Julen en su  blog es lo único que he leído de él) y de que la cita que voy a comentar está sacada totalmente del contexto conceptual que Byung-Chul Han plantea en su libro,  comento -en voz baja y con recato- un par de cosas sobre lo que escribe, enlazándolas con estas notas e ideas que tenía en modo reposo.

Por acotar la cosa, me voy a centrar en este párrafo:

La sociedad disciplinaria es una sociedad de la negatividad. La define la negatividad de la prohibición. El verbo modal negativo que la caracteriza el el “no-poder”. Incluso al deber le es inherente una negatividad: la de la obligación. La sociedad de rendimiento se desprende progresivamente de la negatividad. Justo la creciente desregularización acaba con ella. La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder sin límites. Su plural afirmativo y colectivo “Yes, we can” expresa precisamente su carácter de positividad. Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley.

Pareciera que la crítica (o la explicación) que el autor hace de la sociedad disciplinaria estuviera escrita desde la perspectiva propia de la sociedad del rendimiento a la que también hace referencia. Asumir que la obligación es una negatividad inherente al deber no puede hacerse más que desde un posicionamiento filosófico y vital propio de algo así como un individualismo positivo extremo en el que el estado y las instituciones públicas y las corporaciones privadas se sacuden de un plumazo su responsabilidad sobre lo que quiera que sea la felicidad de sus ciudadanos y trabajadores, y sus posibilidades de  mejorar, superarse o incluso emprender.

La obligación en sí misma no es necesariamente una negatividad o algo negativo.  La obligación puede estar vinculada a valores como el compromiso,  la responsabilidad o incluso al amor. La obligación tal vez sea un elemento imprescindible de la libertad, la igualdad, del aprendizaje, la educación,…

El que la sociedad del rendimiento con su peculiar positividad se desprenda de la vieja negatividad para infundirnos ese nuevo poder y optimismo sin límites, puede no ser más que una impostura, un lobo disfrazado de cordero, o si se prefiere un troyano, que dándonos nuevas armas nos hace más débiles, que quitándonos obligaciones nos hace más esclavos, que iluminándonos nos deja más ciegos y que prometiéndonos la felicidad como objetivo de vida nos hace más infelices. Una maniobra sutil montada desde un uso perverso del lenguaje que termina por hacernos insensibles a las contingencias que se van instalando con serenidad entre la tiranía de la normalidad y la busqueda de una felicidad con demasiados efectos secundarios indeseables.

No deja de ser curioso y una paradoja que en la sociedad del rendimiento, liberada ya de la negatividad de la obligación, con unos ciudadanos más informados, con una internet que parece que nos hace más inteligentes (cuantas dudas metodológicas y conceptuales despiertan este tipo de estudios), con la promesa de conseguir lo que nos propongamos si tenemos la adecuada actitud positiva,… seamos capaces de mantener y aguantar tantas situaciones injustas durante tanto tiempo sin mover más que un dedo para hacer clic en las campañas de apoyo que nos llegan por la red. Pareciera a veces que la sociedad del rendimiento y del positivismo sin piedad incapacita más nuestra posibilidad de reacción y compromiso que la vieja sociedad disciplinaría de las obligaciones.

Tal vez no sea buena idea analizar valores como la obligación o el esfuerzo desde el contexto político, desde el mundo de la empresa o desde la educación de hace 40, 50 o 60 años, pues nos puede llevar con cierta facilidad a renegar de ellos.

No, no creo que cualquier sociedad o cualquier tiempo pasado sea mejor, pero sí creo que hay elementos que tuvieron un gran peso en aquellas vidas que es necesario rescatar y poner en su justo valor en un nuevo escenario.

“Positivismo sin piedad” aparece primero en Ideas Poderosas