LAS PSICOTERAPIAS CONTEXTUALES: AVANCES RECIENTES

Este verano que ya asoma vuelvo a participar en los Cursos de Verano de la Universidad Internacional de Andalucía. En esta ocasión coordinando el curso LAS PSICOTERAPIAS CONTEXTUALES: AVANCES RECIENTES. Para impartir los distintos contenidos contamos con un grupo de docentes, investigadores y profesionales de la  psicología que son pioneros y referentes en nuestro país y america latina en la conceptualización y la práctica de estas psicoterapias.

Cuenta este curso de verano con el reconocimiento institucional de la SEPCyS (Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud) y el apoyo económico del Centro de Psicología CEPSI de Bailén.

A continuación os dejo la información básica del curso.

LAS PSICOTERAPIAS CONTEXTUALES: AVANCES RECIENTES

Lugar: Universidad Internacional de Andalucía. Campus Antonio Machado de Baeza (Ciudad Patrimonio de la Humanidad)

Fechas: 28-31 agosto.

Duración: 30 horas.

Precio: 58 euros.

Objetivos

  • Exponer el origen de las llamadas terapias de tercera generación como Psicoterapias Contextuales.
  • Conocer sus bases experimentales y sus fundamentos teóricos para permitir una comprensión profunda y una correcta aplicación de estas psicoterapias.
  • Profundizar en el conocimiento y las aplicaciones prácticas de las terapias que han tenido mayor difusión en la bibliografía científica: la Terapia de Activación Conductual, la Terapia de Aceptación y Compromiso y la Psicoterapia Analítica Funcional.
  • Entender las bases de la formación del Yo y de sus problemas desde estas terapias y su implicación como base en algunos problemas psicológicos y su intervención.

Contenidos

  • Las terapias de Tercera Generación como Terapias Contextuales. Marino Pérez Álvarez.
  • Bases Experimentales de la Terapias Contextuales. Luis Valero Aguayo.
  • La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Jose Manuel García Montes.
  • La Psicoterapia Analítica Funcional (FAP). Miguel Ángel López Bermúdez y Rafael Ferro García.
  • El Yo y sus problemas desde las Terapias Contextuales. Rafael Ferro García.
  • La Terapia de Activación Conductual. Jorge Barraca Mairal.

Información sobre el profesorado del curso.

Descarga el folleto del curso, con información del programa, matriculación, forma de pago y becas de alojamiento.

Enlace a la página del curso en la web de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional de Andalucía.

Para cualquier duda o consulta que tengas sobre el curso puedes ponerte en contacto conmigo en esta dirección: manolo.calvillo@gmail.com.

La salud mental de la UNIA

cafe emilie

Por segundo año consecutivo desde el Campus Antonio Machado de Baeza, la Universidad internacional de Andalucía organiza su “Aula de experiencia”, un espacio universitario destinado a ofrecer a los mayores la oportunidad de acceder a la formación continua en diversas áreas (científica, cultural, social y tecnológica) cuando ya han alcanzado el fin de su etapa laboral activa.

Por segundo año consecutivo desde ideas poderosas tenemos el honor de participar en la programación de talleres que se ofrecen dentro de esta formación. Para este curso el tema que hemos elegido ha sido: “La salud mental: entendiendo los problemas psicológicos de la vida cotidiana”. Las fechas de celebración serán el 15, 16, 22 y 23 de Junio en horario de tarde. El coste de la matrícula: 8 euros.
Para más información sobre el taller hacer click aquí.

Algunos porqués 

  • Porque desde nuestra formación y experiencia profesional como psicólogos especialistas en psicología clínica creemos en la necesidad y en la utilidad personal y social de una psicología seria, basada en las evidencias y con un importante compromiso social.
  • Porque creemos que, ante la visión actual predominante de la salud mental excesivamente medicalizada, se necesita difundir una aproximación a los problemas psicológicos desde una perspectiva contextual y biográfica que ayude a entender(nos) y a cuidar(nos) desde los valores y la responsabilidad y sin la necesidad de patologizar nuestra vida cotidiana.
  • Porque, pensamos que la normalidad y la felicidad no son el principal objetivo a perseguir si queremos estar sanos psicológicamente, ni para vivir bien, ni si quiera para ser felices. Reivindicar el derecho a no ser perfectos, “normales” o a no encontrarnos siempre bien y felices es importante para dirigir nuestra vida y comenzar a trabajar sobre nuestro bienestar personal.
  • Porque pensamos que las personas mayores, desde sus grandes triunfos y desde sus derrotas memorables, tienen mucho que aportar y mucho que enseñar en esto de la “salud mental”. La intersección de sus vivencias personales con algunos conocimientos desde la psicología pueden ser de gran utilidad tanto para ellas mismas, como para las personas con las que conviven por el papel que desempeñan como personas consejeras, educadoras, padres y madres o abuelos y abuelas.

¿Qué haremos?
Nuestro taller no pretende ser un tratamiento, ni una clase magistral, es una pequeña y humilde invitación a conversar sobre estos temas, a (re)descubrir (desde el rigor científico, las experiencias vitales y el sentido común) algo más sobre problemas psicológicos como la depresión, la ansiedad, el TDAH,… Es una taza de café a media tarde entre muchas historias y muchas preguntas en el escenario mágico de Baeza.

La salud mental de la UNIA.
Como veremos en nuestro taller, algunas de las claves para una “salud mental” óptima tienen que ver con la flexibilidad, la aceptación de los retos y las situaciones difíciles, el compromiso con valores personales y sociales relevantes, con saber lo que se quiere y con dar un paso adelante y actuar en función de dichos valores y propósitos. Si esto es así, el Campus Antonio Machado de la UNIA en Baeza parece tener una salud de hierro. Enhorabuena por vuestro compromiso con las personas mayores de nuestra provincia y gracias por contar con nosotros.

 

“La salud mental en la UNIA” aparece primero en ideaspoderosas.com

Estamos errando el disparo.

El jueves pasado Juan Luis Hueso y yo nos llevamos a nuestra criatura, Ideas Poderosas, a los previos del Foro de Emprendedores Lince 2015, que se celebrará el día 2 de diciembre.

Se organizaron esa mañana en IFEJA 5 mesas sectoriales diferentes (TIC, servicos, agroalimentario y comercio) y en cada una de ellas diferentes personas presentaban su propuesta  o algún aspecto de su empresa que quisieran dar a conocer ante representantes de entidades como la Asociación Cultural de Empresarios y Profesionales  PROA, la Universidad de Jaén, Caixa Bank o Caja Rural de Jaén -entre otras-. Todo ello con un formato ágil y dinámico: 5 minutos para presentar tu propuesta y 5 minutos para recibir preguntas.

Fue una buena experiencia, tuvimos la oportunidad de conocer buenas ideas  bien presentadas (de manera excelente algunas de ellas) por las personas que allí estuvieron. Disfrutamos y aprendimos.

Tras presentar nuestra idea y lanzar una propuesta final, nos preguntaron algo así: “después de vuestras acciones de formación, ¿qué hacéis para que el subidón de ánimo con el que salen los participantes se extienda en el tiempo y tenga efecto de vuelta a la vida y el trabajo cotidiano?” Fue una muy buena pregunta. Sin duda ésta es una de las claves de la formación y la consultoría. Más allá de todos los retos que esta pregunta plantea y de las posibles respuestas (respuestas que tienen que ver entre otras cosas con el enfoque ante el cambio, con un análisis funcional contextual e ideográfico de la situación que se desea cambiar, con los valores de la empresa -o sea de las personas en ella-, con el relato que sobre dichos problemas tienen las personas implicadas, con el uso de una metodología de aprendizaje experiencial basada en evidencias o con el uso planificado de las estrategias  de trasferencia adecuadas, etc.), como decía, más allá de lo apasionante que nos resulta reflexionar sobre estas cuestiones, la pregunta nos encantó.

Nos encantó porque es reflejo y resultado de lo que paso a paso, sesión a sesión, post a post, se está consiguiendo desde el trabajo de una gran número de consultores, formadores, psicólogos, coachs y neurothings: todas estas cosas consisten principalmente en generar ese “subidón”. Creemos que se empieza a recoger lo que se ha sembrado desde los fuegos de artificio, el buenismo y el positivismo sin piedad tan injustificado como jaleado desde una psicología y disciplinas afines -bajo nuestro punto de vista- mal entendidas.

La formación, la consultoría o la psicología son algo mucho más serio que tiene que ver con los principios del aprendizaje y análisis del comportamiento de las personas y de éstas en las organizaciones. Así, no tendría sentido darle entidad propia a la psicología positiva (¿donde está la negativa?), tiene sentido la psicología sería y bien hecha. Tampoco hemos descubierto nada diferencial o genuino y propio del coaching que aporte algo diferente a lo que ya se dice y se hace desde la psicología. Y así podríamos repasar otras “modas” de este tiempo excesivamente (mal) psicologizado.

No, no pensamos que la clave de la formación o el aprendizaje sea provocar ese “subidón” de autoestima, autoconfianza, automotivación (por nombrar sólo algunos de los componentes del parque móvil de la psicología). No es ese nuestro objetivo en las acciones que llevamos a cabo. Necesitamos la experiencia real, es decir también necesitamos la frustración, la vergüenza, el miedo, la derrota, los errores o exponernos a las propias limitaciones; y necesitamos tener muy claro nuestros motivos y nuestros valores y comprometernos seriamente con ellos. Es en el compromiso y el trayecto con esos valores donde se puede encontrar el sentido y la satisfacción personal/laboral de cualquier proceso de aprendizaje, y no en un optimismo infantil exacerbado ni en la tiranía de la felicidad como objetivo.

Estamos errando el disparo porque hemos equivocado el objetivo.

 

 

Publicación original: Ideas Poderosas

Reivindicar lo cotidiano

Cuando las creencias nos alejan de nuestros compromisos y nuestros valores, cuando pasamos más tiempo planificando cómo va  a ser nuestro futuro el día que tengamos la motivación suficiente y los planetas se alineen en aquario que remangándonos y poniéndonos manos a la obra, cuando dedicamos el mayor esfuerzo a ejercitar nuestro cerebro con frases autocomplacientes en positivo mientras renunciamos a asumir riesgos y actuar en nuestro ambiente, cuando dedicamos más tiempo a la mente que a la vida…. tal vez algo está fallando.

Entre tantos discursos cultos y glamurosos sobre el poder de la energía positiva, entre tantos relatos de dudosa base empírica sobre las capacidades de nuestro cerebro no exploradas ni aprovechadas por la mayoría de los mortales, entre tanta creencia de un “si quieres puedes” mágico y pervertido, entre tanto quiromante y fingidas ciencias,…me apetece reivindicar con este recorte (2 minutos) del final de uno de los programas “Las noches de Ortega” la necesidad de la evidencia, el contacto con la realidad y la importancia de lo cotidiano. No es la impostura de la felicidad o su búsqueda la condición necesaria para vivir o arrancar cada día. Son las acciones vitales, el contacto real con el aquí y ahora, el compromiso con lo que en cada momento nos toca hacer y comprometernos, los movimientos más importantes -también los más bellos- para, llegado el día de mirar nuestra historia y a pesar de los inevitables momento duros vividos, narrarnos y reconocernos felices.

De lo contrario corremos el riesgo de escribir una biografía con mucho cuento y poca historia.

“Reivindicar lo cotidiano” aparece primero en Ideas Poderosas

Entre el deseo y la impostura

Hace ya casi un mes que se estrelló un avión en los Alpes, el día 20 de este mes será el 16 aniversario de la masacre de la escuela de secundaria de Columbine. No tardaron los medios de comunicación en ninguno de éstos y otros casos similares en insinuar, relacionar o despertar la sospecha del autismo, la depresión, la esquizofrenia, etc. como elementos causantes- o al menos  como variables explicativas relevantes- de tales disparates. Casi de inmediato comenzaron  aparecer expertos psicólogos y psiquiatras en periódicos, radio y tv siendo preguntados por la relación entre los “problemas mentales” de estos asesinos y sus horribles actos.

A pesar de algunas excepciones en mayor o menor medida (bajo mi punto de vista) sensatas,  no deja de sorprenderme la falta de claridad y rotundidad por parte de estos profesionales a la hora de desvincular radicalmente estas (mal)llamadas “enfermedades mentales” de aquellos asesinatos tan salvajes.

No son éstos comportamientos patológicos, producto de la depresión, el autismo o la esquizofrenia, sino actos salvajes, canallas y complejos, actos que nos aterroriza pensarlos como propios de seres humanos “normales”, de personas que podrían estar viviendo a nuestro lado, en nuestra escalera de vecinos o, peor aún, dentro de nuestra propia piel. Son conductas que nos hacen enfrentarnos cara a cara no sólo con el dolor y la rabia, también con la angustia ante nuestra naturaleza como seres humanos, ante los genes de las razas de Caín que habitan nuestra biografía, ante la certeza de sabernos capaces de lo mejor y lo sublime pero también de la destrucción y del desastre.

Podemos entender que ante nuestra propia incertidumbre, temor y angustia intentemos encontrar motivos y trazar líneas que separen nuestro mundo y a nosotros mismos de esta brutalidad, fronteras entre lo normal y lo anormal, lo sano y lo patológico, entre la locura y la cordura,… Allí están ellos, aquí nosotros. La normalidad, una infantil y vieja trampa entre el deseo y la impostura que lejos de liberarnos, nos tiende una trampa sutil y segura.

Pero tenemos que insistir, no son estos hechos comportamientos patológicos, sino canallas y complejos, y esta complejidad no podemos despacharla atribuyendo dichos asesinatos tremendos, horribles y sin sentido a supuestas enfermedades mentales, desvinculándolos de la biografía, de los valores personales y de los contextos en que la gente vive.

Hay otras maneras de mirar estos escenarios de la catástrofe. Transmitir la absoluta certeza de que no es más probable que una persona diagnosticada por ejemplo de autismo, depresión o esquizofrenia se levante una mañana y decida matar a 20 compañeros de un colegio o estrellar el avión o el autobús que conduce. Afirmar radicalmente que, por motivos tanto epistemológicos como estadísticos, estos diagnósticos sociales no mantienen una relación causal con tales asesinatos.

2015-04-13_2025Tras el dolor y la rabia inmediata ante la incomprensible barbaridad, cuando volvemos al pulso de la vida cotidiana y las fotos de las víctimas y aviones destrozados ya no ocupan las portadas, comienzan a aparecer los daños colaterales que sobre miles de personas (tal vez sin querer)  han creado algunos medios de comunicación y algunos expertos con sus explicaciones y sus relatos. No sólo por el estigma social que se genera para personas diagnosticadas de depresión, autismo, esquizofrenia,… y sus familias, también por la indefensión, el dolor y la sospecha que estas personas se imponen a sí mismas; presiones al fin y al cabo que no hacen sino aumentar innecesariamente sus (pre)ocupaciones y dificultar sus vidas, su crecimiento personal y su libertad para ser quienes son.

“Entre el deso y la impostura” aparece primero en el blog La tiranía de la normalidad.

¿Consultores o neurólogos?

Los blogs de consultoría, coaching, formación, desarrollo personal,.. se llenan de oxitocina, neuronas espejo, imágenes de cortes axiales del cerebro coloreado y cosas afines para hablar de empatía, aprendizaje, trabajo en equipo, comunicación, storytelling,… Sin embargo, descubrimientos y avances importantes y serios en el campo de la neurología pueden no ser más que un discurso atractivo en otros niveles de la realidad. Nada más… y nada menos.

No es de extrañar que a través de Paz Fontanera Digital -y curadora imprescindible-  llegase a un artículo en el blog Cumclaivis enriquecido con algún comentario de Isabel Enpalabras Iglesias. Son todos ellos lugares comunes que acostumbro  visitar y en los que suelo disfrutar y aprender. Me gustó el cuadro que elegía Manel Muntada y la equivalencia que hacía  a partir de él para hablar del excesivo cientificismo  a la hora de analizar e intentar entender algunas realidades. Comencé a escribir un comentario a su entrada, sin embargo, habiéndose alargado demasiado mis notas, creo más oportuno compartirlas desde este blog.  Conclusión: aprender a sintetizar es una de mis asignaturas pendientes.

Es cierto, como Isabel decía en su comentario, que la demasiada luz ciega y provoca nuevas sombras, es cierto que las maneras de aproximarse a la realidad basadas en una supuesta “objetividad”, en relaciones causa-efecto, en la lógica y la razón más aséptica y pura pueden ser en muchas ocasiones un lastre más que una ventaja. No creo sin embargo que “la culpa” de esto lo tenga ese pensamiento mecanicista o el método científico, ni que estas maneras de estudiar la realidad no sean adecuadas o sean contraproducentes en sí. El problema no estaría en esta filosofía ni en su metodología sino, en el (mal) uso que se hace de ellas.

Los beneficios y los avances que han supuesto para la humanidad la aplicación de esos principios en disciplinas como la física, la química o la medicina han sido y siguen siendo tremendos para terminar con enfermedades, exterminar miles de personas con una sola bomba, revolucionar el transporte y las comunicaciones o permitir la aparición de internet y todo lo que ello implica en nuestras vidas. El método científico, que intenta establecer relaciones causa efecto entre variables dependientes-independientes, intentando a la vez mantener controladas todas las posibles variables extrañas, supuso un paso de gigante para el avance de la humanidad  y así seguirá siendo.

Los problemas con el exceso de luz y la ceguera que puediera provocar comienzan tal vez cuando se pretenden aplicar estos principios a realidades y campos de estudio que no son susceptibles de poder ser analizados desde esta óptica lineal y mecanicista. Entre éstos se encuentran  los casos que de manera tan acertada apunta Manel en su post (comunicación, liderazgo, conocimiento,…) También aparecen incongruencias, problemas y hasta disparates cuando se dan saltos conceptuales y se pasa a utilizar los descubrimientos y avances realizados desde estudios de laboratorio en ambientes totalmente controlados para ofrecer explicaciones unidireccionales,  simples y mecánicistas de hechos que están a un nivel de realidad distinto, mucho más mundano, y que requeriría por tanto un análisis más contextual e interactivo  y menos mecánico y aséptico.

Creo que con más frecuencia de la deseada ocurre esto en algunas prácticas que se hacen desde la formación, el coaching o la consultoría, debido a la cercanía y puentes que algunos  tienden entre éstas y otras disciplinas como  la PNL y demás “neurocosas” (neuromárketing, neuroeconomía, neuroliderazgo, neuroeducación, neurocoaching ¿?,…).

Volvemos a la idea que de alguna manera ya señalaba Manel en su post y con la que estoy de acuerdo, creo que los consultores, formadores, entrenadores,… deberíamos de tener una forma de mirar centrada en la persona en su contexto, lo que supondría independizarse de ese afán en exceso cientificista. Esto implicaría tomar conciencia de la seriedad y complejidad de nuestro campo de trabajo como marco relacional complejo, lo que tal vez evitaría la venta de humo y de soluciones fáciles y rápidas apoyadas en no se sabe qué suerte de estudios científicos.

No se trata aquí de quitar importancia a los avances en disciplinas como la neurología ni a las personas que trabajan desde sus laboratorios, y menos aún a la utilidad del método científico, lo que se pretende decir es que sería mejor situar cada disciplina al nivel de realidad que le corresponde  y por tanto con un objetivo y objetividad propia, un lenguaje diferente y con una manera de actuar, de mirar y de relatar distinta.

Publicación original: Ideas Poderosas

El presente invisible

Pensando en voz alta a partir de estas declaraciones(2min. 14 seg.)  en la Cadena Ser con motivo del Día Internacional de la Salud Mental.

Distintos perros con el mismo collar
Aún reconociendo que la ansiedad, la depresión o la adicción tecnológica son experiencias dolorosas, con las que la vida se hace más difícil (o muy difícil) de vivir y pueden requerir apoyo profesional, no deja de ser discutible esta insistencia en situar la depresión o la ansiedad o el consumo desadaptativo de cualquier química, objeto o tecnología (en definitiva, experiencias todas) y en general las llamadas ‘enfermedades mentales’ como patologías, al mismo nivel que la diabetes, el párkinson o la malaria. A diferencia de la universalidad de éstas, el uso de la tecnología será definida como patológico o no dependiendo de múltiples factores temporales, biográficos y contextuales.

De esta manera la misma experiencia de uso de un smartphone podría ser catalogada hoy como trastorno de adicción tecnológico para un adolescente de Ainsa o de Cádiz, pero tal vez no sería considerada como ‘enfermedad’ para el mismo adolescente si viviera en la misma ciudad en el año 2018, o en el 2014 de una ciudad como Tokio.

Este manera de entender los problemas de la vida y el comportamiento humano podría no sólo no tener la solidez empírica y conceptual que tiene la misma aproximación a las entidades patológicas naturales, sino que además presenta otras desventajas como pudiera ser el hecho de desviar la atención de otras condiciones, además de las biológicas, no menos importantes y de las que también depende el inicio y mantenimiento de estos ‘trastornos mentales’.

Flor nueva de romances viejos

Sorprendernos o incluso alarmarnos ante cambios tan bruscos y radicales de las formas cotidianas de estar y de ser en el mundo es una reacción frecuente y lógica. Después de toda una historia de generaciones comunicándonos y compartiendo cara a acara, aprendiendo en aulas dirigidas por expertos docentes o amándonos piel con piel, puede ser de sentido común, e incluso una reacción adaptativa,  extrañarse y adelantar conclusiones sobre los peligros del vivir en digital.

No es difícil por tanto encontrar sólidos y variados argumentos desde la psicología, la filosofía, la antropología o desde la psiquiatría que nos alertan de lo extraño que es y los riesgos que para los individuos y la sociedad supone estar conectado a lo virtual la mayor parte del día y trabajar, reir, sufrir, aprender o amar a golpe de kilobites.

 

Situaciones similares se dieron siglos atrás cuando otras tecnologías facilitaron usos innovadores y cambios radicales en las maneras de vivir (pienso ahora en la imprenta, la televisión, o la locomotora). Pero el Darwinismo y la realidad son tozudos y al cabo de un tiempo obligaron a cambiar los marcos de referencia, las teorías y las viejas formas de entender(nos) en el mundo.

El presente invisible

No se trata de negar los riesgos de los usos patológicos o desadaptativos de las tecnologías (como la adicción a las redes sociales), por supuesto que son condiciones que causan sufrimiento y pueden requerir una atención especial y profesional. Sin embargo creo que debiéramos ser más meticulosos en nuestra forma de hablar de ello para evitar así caer en el sobrediagnóstico y no patologizar en exceso la vida cotidiana de muchas personas. Para ello son importantes los mensajes que nos llegan desde lxs expertxs (psiquiatras, psicólogxs,…) y el trabajo responsable de los medios de comunicación que le dan voz.

Creo que sería interesante escuchar con más frecuencia análisis de estas nuevas realidades no sólo desde el pasado y desde nuestra experiencia como producto de nuestra historia y nuestros valores, sino también mirando al futuro (o tal vez presente invisible para muchos de nosotros), para así poder relatar estos nuevos “problemas” desde realidades y valores que, aunque no se estudien aún en las facultades o sean ajenos a la vida de lxs expertxs, no dejan de estar ya aquí.

Lo de ‘relaciones más autistas’ y ‘minusválidos sociales’, merecen un post aparte.

 

Publicación original: Ideas Poderosas