Formateate con Garantía, trabajar a corazón abierto.

infografia formateate 2018Acabo de finalizar un nuevo Proyecto con la Fundación Secretariado Gitano: Formatéate con Garantía. Un programa de formación con prácticas en empresas en el que han participado 10 jóvenes en distintos sectores y en el que, a las 2 semanas de haber terminado, la mitad de ellos ya han conseguido un contrato de trabajo. Más allá de los detalles y resultados del programa (que se pueden ver en la infografía), una vez que todo ha pasado y estando toda la documentación terminada y lista, siempre me gusta hacer una breve parada y pensar acerca de mi experiencia: ¿cuáles pueden haber sido algunas de las claves para que haya funcionado bien?, ¿qué valores añadidos tiene?, ¿qué me aporta como formador, tutor y consultor para futuras experiencias?,… De entre todas las notas que han surgido destacaré 5 de ellas: La importancia de la selección previa, trabajar con respeto y con el corazón abierto, fidelizar a las empresas colaboradoras, romper estereotipos, lo espectacular y lo cotidiano (o la gestión del talento interno). Para no hacer demasiado larga la entrada, hoy comento de manera breve las tres primeras.

  1. La importancia de la selección previa. Para formar parte del grupo de 10 jóvenes que participarían en nuestro “Formatéate con Garantía”, un grupo amplio de usuarios completaron 20 horas de talleres y pasaron por un proceso de selección, que no sólo les aportaba a ellos una base de competencias laborales y personales mínimas, si no que además nos permitía a nosotros verlos actuar en un contexto parecido en algunos aspectos al que deberían de enfrentarse en caso de ser seleccionados. Esto implica estar apoyado de un equipo de prospectores y orientadores/as con una gran experiencia, que conocen muy bien a las personas con la que trabajan, más allá de su formación, de sus curriculums o de la literalidad de sus  porqués.
  2. Trabajar con respeto y el corazón abierto. Trabajar con respeto supone tratar a los participantes de igual a igual, tener un trato amable con ellos, evitar el daño, el sarcasmo y la burla más o menos velada. Pero el respeto implica también trabajar sin prejuicios, observar y hacerlos conscientes de lo que ocurre en cada momento teniendo en cuenta el contexto y los efectos que puede tener su comportamiento sobre sobre ellos mismos y sobre otros (clientes, compañeros de trabajo, compañeros de curso, la reputación de la misma FSG). Porque los respeto y confío en lo que son capaces de hacer les exijo al máximo; porque los respeto no puedo engañarles diciéndoles que será suficiente con cumplir los mínimos o que bastará con tener una buena actitud para conseguir su/nuestro objetivo. Por su parte, tener el corazón abierto supone ser generoso, servicial, “enfrentarse” a ellos -si es necesario- pero hacerlo de forma cálida, sin juzgarlos y apoyándolos con coraje cuando se les presente alguna dificultad. Implica mostrarse vulnerable, asumir riesgos abriéndote a tu grupo, dándote a conocer más allá de tus máscaras de técnico o formador, compartiendo tus experiencias, tus fortalezas y debilidades, expresando las emociones y las sensaciones, a veces agradables a veces incomodas, que puedas sentir trabajando con ellos. Esto es esencial para invitar a tu grupo a que también se abran, a que muestren sus contradicciones, sus emociones y a sentirse también vulnerables.  No puedes trabajar el autoconocimiento, la gestión de los conflictos, la empatía, la tolerancia, o la inteligencia emocional  si todos esos elementos no aparecen en el proceso de convivencia y aprendizaje. Trabajar con respeto y con el corazón abierto son dos estrategias poderosas para generar confianza (en ellos mismos y con el resto del grupo) y para fortalecer la identidad y el valor del equipo.
  3. Fidelizar a las empresas colaboradoras. Otra de las claves del éxito de este tipo de programas está en la relación con las empresas colaboradoras donde nuestros alumnos/as realizarán las prácticas. En ello los tutores jugamos a veces un papel casi de funambulistas, pues nos movemos en un difícil equilibrio entre los intereses y el aprendizaje de nuestros alumnos y los momentos y necesidades de las empresas.  Más allá de pedir “el favor” de su colaboración, nuestra perspectiva es la de ofrecerles un grupo de jóvenes con un alto compromiso con su aprendizaje y con la empresa en la que van a aprender. Nuestra exigencia con el alumnado es máxima, procurando no solo no alterar el funcionamiento normal de las empresas en cuestión, sino además que el paso por ellas sea una experiencia agradable y positiva para los clientes, los encargados y compañeros trabajadores con los que nuestros alumnos/as se van a encontrar. Y todo ello sin perder nunca de vista el objetivo principal de nuestros programas: el aprendizaje y la formación laboral de nuestros jóvenes. Sin embargo, este objetivo no siempre esta alineado punto por punto con las necesidades y organización por las que atraviesan en cada momento las empresas colaboradoras. Para asegurarnos de que este equilibrio marcha bien nos gusta medir a través de diferentes formularios, no solo el aprendizaje y la satisfacción del alumnado con su paso por las distintas fases del programa, también la experiencia de las empresas colaboradoras con el programa y con los alumnos que acogen en prácticas. Como en proyectos anteriores, en este que acabamos de terminar las valoraciones realizadas por las empresas han sido excelentes, sin duda gracias al gran esfuerzo y trabajo que ha realizado nuestro alumnado. Es de resaltar cómo todas las empresas reconocen que su experiencia ha superado las expectativas que en un principio tenían. Os dejamos aquí un enlace a los resultados de esta evaluación.

Esta vez han sido Fátima, María, Tania, Bernabé, Abrahán, Luis, Yeyes, Rafa, Manolo y Campeón. Gracias por vuestra implicación y enhorabuena por vuestro trabajo.

 

Los trastornos del espectro autista y el periodismo de ficción

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Crear noticias y ofrecerlas al mundo puede ser una actividad de alto riesgo, no sólo para los periodistas que las escriben y las empresas  que las publican, a veces también para las personas y las sociedades para las que estas (des)informaciones son escritas.

Las palabras no son sólo un canal que trasporta una supesta realidad y nos permite ver lo que ha ocurrido a miles de kilómetros; el lenguaje es además un hilo con el que tejemos algunas realidades complejas con las que aprendemos a valorar, a sentir, a pensar y a relacionarnos con nosotros mismo y con los demás.

Por eso me enfada y me duele cuando leo noticias como esta de antena 3:

La policía de Arizona mata a tiros a un joven con síndrome de Asperger que se hizo famoso en Youtube

Kayden Clarke, de 24 años, sufría síndrome de Asperger, un trastorno severo del desarrollo, considerado como un trastorno neuro-biológico, que provoca que las personas que lo padecen se autolesionen

Me duele porque es rotundamente falso que el asperger o cualquier otro trastorno del desarrollo en sí encierre un riesgo de hacer daño a los demás o a uno mismo. De esto hablamos hace ya un tiempo aquí.

Se  me cuela un escalofrío hasta el alma porque están hablando de mi familia y mis amigos, de Juan, de María o de Adrián, contándoles al mundo como (no) son, inventando un perfil falso de personas con asperger o autismo, o cualquier otra condición de la normal diversidad humana; perfil que no es más que una impostura creada por los que poco entienden y poco quieren entender sobre la vida de verdad de estas personas y sus entornos.

Y esto no sólo pasa en antena 3, también en el ideal, en el correo, en la sexta, en el mundo ( en este caso, en un subidón de amarillismo gratuito, el titular hace referencia a la persona asesinada por la policía como “un transexual con asperger”). Estos son sólo algunos medios, seguro que podrás encontrar muchos otros sin salir de google. Pudiera ser simple ignorancia, falta de compromiso social, o tal vez cuestión de valores, de prioridades y de los manuales de estilo de las compañías.

Jugar a hacer periodismo, puede ser fácil, basta con estar suscrito a una buena agencia de noticias, tener un buen corrector ortográfico y un teclado con las teclas Ctrl+C y Ctrl+V. Hacer periodismo profesional y responsable requiere algo más. Encontrar los valores que guían tu trabajo y te comprometen con tu entorno, tener la sensibilidad adecuada y la sabiduría práctica necesaria para saltarse los protocolos y el “aquí siempre se han hecho así las cosas” pueden ser claves para ser un periodista (o cualquier otro profesional) excelente y dar un paso más allá de la correcta mediocridad.

El día 18 de febrero será el día Día Internacional del Síndrome de Asperger, tal vez aparezca en algunos periódicos o en algunos de los noticiarios de TV. En la mayoría de los casos será información pura y dura, nada de compromiso o responsabilidad social, si así fuera, el resto del año deberían de cuidar mucho más la manera de relatar las noticias relacionadas con asperger, autismo, esquizofrenia y tantos otros.

El día 18 de febrero será el día Día Internacional del Síndrome de Asperger, desde aquí les envío mi enhorabuena y un abrazo para todas  las personas con asperger, amigos, familias, asociaciones y profesionales por el gran trabajo que hacen contra viento, medios y marea.

 

 

“Los trastornos del desarrollo y el periodismo de ficción” aparece primero en Laboratorio.

 

“Aprender Trabajando”. Sobre la diversidad escondida y otros miradas.

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Termino estos días un  proyecto que comencé hace 6 meses: “Aprender Trabajando”, de la Fundación Secretariado Gitano. Esta vez el nombre elegido no se trataba de una metáfora, ni un deseo, ni una manera de sonar bien y vender humo para atraer la atención de fondos europeos. “Aprender trabajando”, un título que simplemente describía lo que habría de ocurrir durante medio año,  la mejor manera de resumir seis meses en dos palabras.

Revisando el camino hecho, me quedo con algunos de las muchas cosas (re)aprendidas durante este tiempo:

La diversidad escondida. Si quieres dejar de tener claro qué (o cómo) son los gitanos, trabaja con ellos. Pude comprobar algo así en los proyectos que participé y en los que trabajé con personas con discapacidad. A su lado aprendí lo poco que comparten unos y otros más allá de la situación de desventaja y discriminación en la viven. Antes que a normalizar, con ellas aprendí la importancia de diversificar la discapacidad (y la normalidad). Esa misma disparidad de alegrías, de problemas,  de empujes, de debilidades, de  modos, de deseos, de intereses vitales, de necesidades, de motivos,…  la he encontrado en el grupo de personas gitanas con las que he trabajado.  Si quieres dejar de tener claro que son los gitanos, los negros, los refugiados iraníes,… si quieres romper prejuicios, actitudes y creencias infalibles, no leas los periódicos ni veas las noticias, mejor trabaja con ellos.

Educar la mirada. Creo que dudar un poco de nosotros mismos, desvelar esas diferencias y hacerlas evidentes en clase ha sido un punto fuerte de  nuestro grupo, y creo que de alguna manera nos ha hecho (al menos un poco) mejores. Ya puestos: mejores personas, pero también mejores gitanos. Esta experiencia era una buena ocasión para hacer que ocurrieran cosas: reír,  darnos apoyo, provocarnos, colaborar, enfadarnos, emocionarnos, hablar mucho, discutir, mostrar cada uno nuestras debilidades, etc.  Todo ello nos ha permitido representar, jugar y  conectar con lo que pasaba fuera de clase y ponernos las máscaras para (des)cubrirnos  y aprender más sobre quienes somos. Este era otro objetivo importante de nuestro proyecto: descubrirnos y dejarnos ver  para educar nuestra mirada y la de los que nos miran, más allá de nuestros/sus prejuicios y de las trampas del lenguaje que nos tienen atrapados.

Todo comienza mucho antes. Como un iceberg en el oceano, el éxito presente tiene una gran parte oculta en el pasado.  Hay demasiados proyectos y acciones de formación -algunas de ellas de fondos millonarios- más efectistas que efectivas, demasiado presas de la inmediatez y  sin una visión real del cambio que se ha de conseguir en las personas que van a participar y en los escenarios que habitan. “Aprender trabajando” sigue un modelo de formación que LA FSG y la Cruz Roja tienen la posibilidad de ir desarrollando y mejorando con cada edición, y por el que son felicitados por los responsables de recursos humanos de las empresas colaboradoras (Alcampo, Sprinter, Leroy Merlyn, C&A, Luis Piña S.A.,etc.) El punto de partida del  A.T. es el conocimiento real de la gente para la que trabajan y de sus entornos y una visión clara de lo que quieren conseguir.  El trabajo que los profesionales de cada dispositivo local desarrollan a partir de aquí es totalmente congruente con dichos valores y perspectiva. Dentro de ese trabajo juega un papel fundamental el proceso de selección personalizado que hacen de los candidatos y que ha demostrado ser excelente y una pieza clave del éxito del proyecto.  Los resultados conseguidos comenzaron antes de que empezara mi trabajo con el grupo.  Sin los valores, la estrategia de la Fundación y sin el trabajo del equipo de la FSG de Jaén, los resultados habrían sido otros.

Tres buenos ingredientes: poca “burocracia”, mucha autonomía y generosidad en red. Aun implicando unos procesos de control claros y definidos,  he tenido la sensación de que el modelo de formación y los proceso de gestión del Aprender Trabajando están más centrados en la personas que en la administración o en protocolos, formularios y reuniones interminables y poco útiles. Los tutores hemos tenido mucha autonomía, un margen amplio para tomar decisiones, diseñar actividades, experiencias y  materiales, o para decidir y gestionar los tipos de evaluación y seguimiento que veíamos más adecuados. Por otro lado, todas estas experiencias, materiales y propuestas creadas por cada dispositivo  se compartían a través de la nube (en G-drive y un grupo de google) entre todos los Aprender Trabajando que funcionaban a nivel nacional. Ojala el éxito del programa, su continuidad y los controles de calidad que pudieran estar por llegar no sacrifiquen esta libertad, los aciertos y los necesarios errores que se habrán de cometer. Es cierto que los controles y protocolos cerrados evitan desastres, pero también es cierto que en más ocasiones de las deseables fomentan la mediocridad.  Puedo asegurar que Aprender Trabajando, está muy lejos de ser una experiencia mediocre más.

11057521_10205761938906791_3261747285820073204_nMe quedo con estas y otras impresiones, pero sobre todo me quedo con la ambición por aprender y hacer las cosas bien que he podido ver en Nono, Lucía, Jose,  Sara, Jesús, Manoli, Juanjo e Israel  Durante 5 meses de prácticas en los Supermercados “masymas” no ha habido ni una sola queja o duda de su empeño y sus ganas de aprender  y de trabajar como verdaderos profesionales. Ya son 4 de ellos/as los que han sido contratados una vez finalizado el programa, y confío en que el resto estarán trabajando también dentro de pocas semanas.  Sé que han aprendido muchas competencias profesionales y que tienen las habilidades y la actitud necesarias para continuar aprendiendo y para  mantener su puesto de trabajo muchos años.  Ojalá no pierdan esta oportunidad, pero sobre todo, ojalá no pierdan nunca la certeza que han sentido durante estos meses de ser los protagonistas de sus propias circunstancias.

Diversificar la diversidad

Me llamó la atención el título de este post: “Ser normal está sobrevalorado“, entrada a la que llegué desde las lecturas recomendadas  de Las Indias, una de mis imprescindibles ventanas a la red.

Comparto la idea que lanza su autor, sin duda la normalidad está sobrevalorada y ese  afán de mirar a la realidad en blanco y negro y borrar matices no es nada ingenuo. El lenguaje, la manera de hablar de las cosas o de etiquetar el mundo nos informa a veces más de la persona que  lo define que de la supuesta realidad que pretende ser descrita o clasificada. Palabras como “normalidad” están cargadas de ideología, de intereses, de una manera concreta de entender las relaciones y el mundo, de la intención de mostrar (o incluso inventar) la realidad como si otro escenario no fuera posible.

Creo que  lo que quiera que sea la normalidad -igual que la (a)normalidad- es mucho más diversa y extraña de lo que a priori pudiera parecer. Por eso, aun estando de acuerdo con @voylinux, y su idea de normalidad como  impostura o tiranía, no veo tan claros como aparecen en su post los límites del “ser normal”. Creo que lo previsible, lo ordenado, lo académico,.. no es territorio exclusivo de la gente “normal”. Tampoco creo que  vivir la vida con pasión sea necesariamente algo que defina más a  las personas que no encajan dentro de lo normal que a los que habitan las cúpulas de gauss.

Tal vez al final todo sea cuestión de narraciones. Si tuviéramos tiempo para escuchar las anécdotas, los relatos y la vida de algunas personas que consideramos normales nos sorprenderíamos de sus “rarezas”, de los retos vividos, o de la pasión que también cruza sus biografías.

Tal vez sea porque me resisto a creer en la normalidad tal y como nos la han contado, y la entienda más como reglas del juego que como algo que defina a los jugadores que nos toca jugar en ese tablero. Y, claro, no creer en la normalidad me lleva sin remedio a no creer en la anormalidad, a no creer en una ni en otra más allá que como un juicio de valor.

Yo soy más perdedor que ganador, más de minorías que de multitudes, más de dudas que de certezas, creo que encajaría mejor en los moldes de “seruntipoalgoextraño” que en los de “seruntiponormal”, Sin embargo  pienso que militar en la anormalidad acotándola, definiéndola y distinguiéndola es jugar el juego equivocado de la normalidad y  darle sentido a su discurso y a la injusta desigualdad que a partir de ella se ha creado.

Cuantos más relatos en primera persona escucho, menos entiendo lo que significa ser normal o anormal, convencional o extraño, capacitado o discapacitado,… Creo que más allá de lo aparente son difusos los limites entre unos y otros. No es cuestión de formas ni definiciones, sino de posibilidades y derechos. Lo que le da sentido y unidad, la única característica que al fin y al cabo comparten  los extraños, los (a)normales, los raros, los discapacitados,… no la encontramos en lo que son, si no en la falta de derechos y posibilidades que tienen para ser quienes de verdad son, para ser quienes de  verdad quieren ser.

No se trata de definir, sino de construir escenarios y comunidades en las que todas las personas se dejen ver como individuos únicos, en los que puedan encontrar sin miedo su voz, aprender a escucharlos y rediseñar la empatía. Esa lucha merece todo nuestra militancia y esfuerzo, en ella hay mucho por ganar.

“Diversificar la diversidad” aparece primero en La tiranía de la normalidad.