Investigar

Acostumbrados a vivir en los dualismos insanos de una realidad simplificada  (blanco-negro, virtual-real, norte-sur, normal-anormal, mente-cuerpo,…) tal vez ocurre con cierta frecuencia que tendemos a ver la investigación también como una faceta de la realidad especial, separada y ajena a nuestra intervención en el mundo y al trabajo cotidiano.

Más allá del entendimiento y la “seguridad” que nos pueda aportar esta comedia de falsas fronteras  que achican nuestra habilidad para vivir(nos), para observar(nos), para discutir(nos) o para aceptar(nos), es en el terreno de la incertidumbre, de los matices y las aguas revueltas donde se juegan las  grandes partidas y las grandes victorias del aprendizaje, del trabajo y hasta del amor.
Vamos, que más allá de los juegos del lenguaje que nutren este dualismo no existe un mundo blanco y otro negro, ni unas fronteras claras separan la normalidad de lo diferente, que no hay norte que no quede al sur de otros lugares o que a veces nada es tan real como el impacto que puede tener lo virtual en nuestras vidas de carne y hueso..

Desde la misma deriva podríamos decir que la investigación no está limitada a las universidades o los laboratorios, que cosas tan cotidianas como crecer, vivir o trabajar implica también una investigación constante y poderosa. No es cierto que la investigación requiera exclusivamente de ambientes asépticos y controlados. Hay diferentes niveles a la hora de investigar, diferentes necesidades de definición y control de variables, de robustez estadística, de fiabilidad, de validez externa e interna o control científico, etc. Sea como fuere siempre es importante no pensar que todo vale para todo y exigir un adecuado rigor científico para según qué temas u objetivos es primordial, al igual que lo es no confundir ciencia con lo que no lo es.

Pero investigar es algo que todos hacemos: cuando llevamos a cabo nuestro trabajo cotidiano, cuando incluimos un código diferente a nuestro programa, cuando añadimos un ingrediente nuevo a la comida que estamos haciendo, cuando probamos con una mezcla nueva de colores en nuestro cuadro, cuando incluimos una nueva actividad con nuestros alumnos en nuestras clases o talleres,…. Cuando hacemos todo esto y observamos los resultados y somos sensibles a las consecuencias que se han producido, cuando sacamos conclusiones e intentamos replicarlo o incluir esos cambios en otras situaciones, productos, con otros clientes, en otros contextos,… entonces  estamos investigando.

La investigación requiere un momento inicial de acción y  prueba pero también exige ese segundo paso de reflexión-discusión-narración, ese espacio para observar y hacernos conscientes de lo que hemos hecho y lo que ha ocurrido. Las prisas, la economía de lo inmediato, el tener que atender a un nuevo reto o una nueva prueba hace que muchos de estos aprendizajes se pierdan. Necesitamos a veces sentarnos a observar lo que hemos hecho, a reflexionar sobre los cómos y los porqués y contar(nos) las cosas claves de esa experiencia.

Más allá de los importantes e imprescindibles estudios con gran control científico y metodológico que cambiarán las bases de nuestra vida cotidiana en nuestra manera de desplazarnos, de comunicarnos, de sanar, de sobrevivir, etc. a veces es en esos pequeños relatos que los profesionales hacen de su trabajo, de su investigación cotidiana, de sus pruebas, de las cosas que les funcionan y de las que fallan,… en donde encuentro un conocimiento de gran  valor que me permite cambiar y mejorar también mis formas de trabajar y de intentar cambiar el mundo.

Esta semana se ha celebrado el “II Congreso Internacional de Investigación en Salud y Envejecimiento” y muchos profesionales han contado sus experiencias. Además de la “burbuja de publicaciones” que puede facilitar esta fiebre por publicar para inflar bolsas y curriculum, es también cierto que esto genera una dinámica de compartir conocimiento y en ocasiones se encuentran pequeñas narraciones que nos pueden ofrecer nuevas ideas, herramientas o prácticas nuevas para probar o integrar en nuestros trabajos y con las que plantearnos nuestras propias investigaciones.

Comparto un póster y una comunicación a este congreso que no son más que el producto de ese parase a observar y narrar algunos de los resultados del trabajo cotidiano realizado en un par de proyectos en los que participé hace ya algún tiempo.

 

 

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