Campeones a medias.

Más de tres millones de espectadores después, me animo a hacer unas pequeñas reflexiones a partir de la película “Campeones” y sus derivas en torno a la discapacidad. Vaya por delante el reconocimiento del valor de una película y todo el universo que de ella se ha derivado (taquilla, nominaciones, gala de los Goya, premio y discurso de Jesus Vidal, noticias, reportajes entrevistas en radio, prensa, televisión, redes sociales,..) y que entre otras cosas ha conseguido que por un tiempo, un trocito del mundo de la discapacidad sea más accesible a gran parte de la población, con toda la potencia que esto tiene  para la “inclusión, diversidad y visibilidad”, como el propio Jesus Vidal contaba en su discurso de agradecimiento en la gala del cine.

Por un lado, en cuanto a la película misma, aún siendo una cinta que me gustó, el enfoque y encaje que tiene la diversidad y los personajes con discapacidad, personalmente, sin ser malos, no me parecen los ideales desde el punto de vista de la inclusión. Ni la historia principal transcurre por la senda de la discapacidad ni gira en torno a un personaje con discapacidad. En definitiva “Campeones” trata de los problemas de vida (profesionales, sentimentales y de relación con su madre) de Marco, un entrenador profesional de baloncesto,  y de su proceso de transformación personal gracias a su contacto y su relación con un grupo de personas con discapacidad. De alguna manera  esto me hizo recordar aquello del “inspirational porn” que tan bien explicaba en su TED Stella Young cuando decía que algunos mensajes“ cosifican a las personas con discapacidad en beneficio de las personas sin discapacidad”. No quiero decir con esto que el enfoque de la película esté equivocado o que sea negativo, solo que hay otros enfoques posibles, tal vez con menor potencial para llegar al gran público, pero quizá más potente desde el punto de vista de la inclusión.

Por otro lado, en cuanto a algunas de las noticias y entrevistas que he leído en torno a “Campeones”, aún estando cargados de reflexiones y mensajes interesantes y que ciertamente comparto, algunos de ellos me dejan a medias. Permitidme un par de ejemplos de la entrevista que le hacen a Jesus Vidal, en La Ser y en La Vanguardia respectivamente.

1. Con el objetivo de poner de relieve que se trata de hablar de “capacidades diferentes” antes que de “discapacidad”, el actor recurre en esta entrevista a una interesante equivalencia con el futbol: “(…)A mí no me gusta (el término discapacidad) porque cuando decimos “discapacidad” nos fijamos en las cosas que una persona no puede hacer. Es como si dijéramos que un portero no mete goles….” Así es, normalmente nada se define por lo que no es, creo que el ejemplo del portero es una metáfora acertada, una idea poderosa e inteligente, una buena herramienta pedagógica. Pero vuelvo a tener la sensación de quedarme a medias. Hablar simplemente de diversidad o de capacidades diferentes facilita un enfoque individualista y positivista de la discapacidad. Un enfoque en el que el peso del contexto social, los valores, la política, las estructuras, el urbanismo,… parecen no tener ninguna repercusión sobre la experiencia vivida y en definitiva sobre lo que somos, sobre lo que podemos, e incluso sobre lo que queremos ser. Un enfoque en el que se disuelven las responsabilidades sociales y del entorno a favor del individuo en-sí-mismado, al que en cierta manera se le oculta la reciprocidad y ese vínculo inseparable yo-mundo.

A mí sí me gusta la palabra “persona con discapacidad” (que no discapacitada), creo que es un de las que mejor ponen de relieve aquella lección de Ortega: “yo soy yo y mis circunstancias”. “Persona con discapacidad” subraya el componente social de la discapacidad. “Good design enables, bad desing disables”, decÍa Paul Hogan, fundador del Instituto Europeo del Diseño y la accesibilidad. “Yo soy alegre, pero es que me ponen en unos sitios…”, se lamenta el ciprés mientras vela silencioso el sueño ajeno y eterno”, escribía Gonzalo Rivas Rubiales en esta fantástica columna de El Pais, hablando también sobre otra película: “Mar adentro” .

El termino discapacidad apunta directamente al peso que tienen el entorno, la ley, las decisiones políticas, administrativas, educativas, etc. en las discapacidades que nos habitan. Las personas con diferentes capacidades tienen las capacidades que tienen, no solamente por una suerte de fuerzas internas que están ahí, en alguna parte ocultas esperando a salir, si no también y sobre todo por la relación que mantienen con las posibilidades que el entorno y la sociedad en la que viven le permiten. Ok, puedo comprar el discurso de las diferentes capacidades, pero andémonos con cuidado de que este árbol de la  “diversidad simpática” e individualista no nos deje ver las injusticias del bosque.

2. Otra afirmación interesante y poderosa de Jesús Vidal aparece en la entrevista de La Vanguardia: “Los prejuicios son una gran discapacidad”. Vuelvo a estar de acuerdo, pero de nuevo el diablo está en los detalles. Los (algunos) prejuicios, “esa mochila con la que todas las personas cargamos a la espalda que nos permite salvaguardar lo que creemos ser” (Iago dixit) son parte de escenario verbal que puede estar facilitando más o menos las (dis)capacidades (las distintas capacidades, si se prefiere), pero no serían una discapacidad en sí mismos. Por otra parte conviene señalar que algunos prejuicios nos pueden facilitar llegar a ser malas personas. Y ser una mala persona no es ninguna discapacidad.

Me gustaría no dejar ninguna duda de que estas reflexiones en voz alta no niegan el buen trabajo de los actores, ni todo lo que “Campeones”  puede estar aportando a la inclusión, la visibilidad y la diversidad. Menos aún se niega, ni  se intenta poner en entredicho las opiniones y declaraciones que hemos comentado de Jesus Vidal, hechas desde la verdad, desde dentro de la discapacidad, con mucha sentido y sensibilidad.

El reconocimiento de la diversidad desde lo individual y la reivindicación de los derechos o el pataleo por la igualdad en una sociedad injusta son dos caras de la misma moneda. Ver los árboles no es más verdad que ver el bosque entero, los silencios no son menos verdad que las notas musicales. Ambos se necesitan como la sombra a la luz en la que se proyecta. Es una cuestión de perspectiva, como mirar el mundo desde una imagen satélite de Google Earth o desde la visión que te ofrece el street view, ambas imágenes son igual de verdaderas, si bien conviene tener claro que las dos no nos permiten orientarnos de igual modo en todas las circunstancias, ni ser igual de útiles para todos nuestros objetivos. Mejor no nos quedemos a medias.

 


Nota: Además de “Campeones” me atrevo a hacer tres sugerencias. Diversas maneras de abordar el tema de la discapacidad, otros ejemplos de cómo trabajar con/desde la discapacidad y la inclusión en el cine.

  1. Nacional 7” . Película francesa, del año 2000.  Se puede ver en YouTube (aunque con poca calidad)..
  2. Team Chocolat”. Serie belga, del año 2017. Ganadora del Prix Europa 2017 a la mejor serie europea. Está en Netflix.
  3. Máscaras”, película documental del año 2013, y “Do meu que?, sitcom del 2018, ambas producciones dirigidas por Iago González y realizadas en el marco de la Asociación Proxecto Máscaras. “Máscaras” se puede ver desde Filmin.

 

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Vivir una buena vida

No dejan de sorprenderme algunos discursos pretenciosamente progresistas desde la pedagogía que parecen entender que los contenidos, y por tanto el necesario esfuerzo, son un obstáculo para la igualdad y para mejorar el futuro de nuestros hijos, para que puedan vivir una vida buena y feliz

Esta felicidad sin embargo, tal y como muchos nos la suelen vender, me suena más a adormidera, y termina dejándome cierto regusto a sospechoso individualismo. Una felicidad que depende, surge y se instala en nuestro interior (el cerebro, como no), desligada de estrucutras, justicia, sociedad, economía,…

Estoy mucho más cerca de una visión de la felicidad que tiene que ver con el esfuerzo, con los triunfos y las derrotas memorables que nos acontecen en un contexto que nos permite vivir una buena vida. Y estoy de acuerdo con la idea que Rosemarie Garland-Thomson tiene sobre lo que una “buena vida” debe incluir.

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“A good life is one in which a person has access to the resources, to the material goods, to the rights, to the privileges, even to the obligations that all citizens have in a society, so that they can fully participate in that society– socially, politically, interpersonally, culturally, aesthetically. And this is what gives all people the opportunity to craft through selfdetermination what we think of as a good life”.

Me sorprenden.

Apuntes sobre igualdad

La igualdad, como la libertad, habita más en en los verbos que en los nombres, en la posibilidad real de hacer y de cambiar el mundo, nuestro lenguaje y las circunstancias que nos comprometen con la vida que queremos y con nuestros valores. Por eso tal vez a veces esa forma de contar la realidad más centrada en el cromosoma que en la acción, más que acercarnos, nos aleja de esa igualdad. Por supuesto que ante tantos años de historia y de relatos de discriminación en que la mujer ha estado oculta, es muy importante hacer que se vean y darles visibilidad, pero sin que los sustantivos hagan sombra a los verbos, sin que achiquen a la persona, al valor, la importancia o la excelencia de sus logros.

Más allá de la seducción de las palabras, creo que ese es el efecto de algunos titulares, de ciertos relatos. Desde el lado opuesto, creo que no ha sido sobre todo a base de titulares, sino gracias a la  desigualdad desapercibida, esa que sin explicarnos hemos aprendido, la que sin darnos cuenta hemos mamado desde pequeños, la que la que ha hecho fuertes nuestros prejuicios y nuestros comportamientos machistas, muchos de los cuales ni siquiera somos capaces de reconocerlos cuando andamos en ellos.

Es muy importante la (bien intencionada y bien usada) visibilidad de la mujer a la vez que leyes y acciones de apoyo directo a mujeres. Recortando y parafraseando acá y allá del TED de Michael Kimmel: Los hombres blancos de Estados Unidos y Europa han sido y son los beneficiarios del mayor programa de discriminación (positiva) de la historia de la humanidad. Tal vez no nos demos cuenta -“el privilegio es invisible para aquellos que lo tienen”- pero esa es nuestra historia. Y esto tiene que dejar de ser así, porque es lo justo y es lo correcto, pero también por puro interés, por el bienestar de los propios hombres. Hacer visible su propio género a los hombres es el primer paso para implicarlos en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres.

Al mismo tiempo que se llevan a cabo estos cambios, tal vez habría que alentar el valor y la fuerza de lo sutil, de lo que está tan presente que no se ve y no necesita ser nombrado continuamente para ser. Necesitamos generar más escenarios de igualdad desapercibida y dejarlos estar, esos que se respiran y se calan hasta los huesos sin darte cuenta y te hacen vivir mejor la vida. Todo ello tiene que ver con los verbos, con lo que hombres y mujeres hacen y tiene la libertad de elegir hacer, con las nuevas realidades que podemos ver en las calles, colegios, hospitales, casas, mercados,… Escenarios que nos harán cambiar no sólo nuestros prejuicios y la manera de vivir y relacionarnos, también la manera en que haremos los titulares y usaremos nuestras palabras.

Apuntes sobre igualdad aparece primero en Ideas Poderosas

Diversificar la diversidad

Me llamó la atención el título de este post: “Ser normal está sobrevalorado“, entrada a la que llegué desde las lecturas recomendadas  de Las Indias, una de mis imprescindibles ventanas a la red.

Comparto la idea que lanza su autor, sin duda la normalidad está sobrevalorada y ese  afán de mirar a la realidad en blanco y negro y borrar matices no es nada ingenuo. El lenguaje, la manera de hablar de las cosas o de etiquetar el mundo nos informa a veces más de la persona que  lo define que de la supuesta realidad que pretende ser descrita o clasificada. Palabras como “normalidad” están cargadas de ideología, de intereses, de una manera concreta de entender las relaciones y el mundo, de la intención de mostrar (o incluso inventar) la realidad como si otro escenario no fuera posible.

Creo que  lo que quiera que sea la normalidad -igual que la (a)normalidad- es mucho más diversa y extraña de lo que a priori pudiera parecer. Por eso, aun estando de acuerdo con @voylinux, y su idea de normalidad como  impostura o tiranía, no veo tan claros como aparecen en su post los límites del “ser normal”. Creo que lo previsible, lo ordenado, lo académico,.. no es territorio exclusivo de la gente “normal”. Tampoco creo que  vivir la vida con pasión sea necesariamente algo que defina más a  las personas que no encajan dentro de lo normal que a los que habitan las cúpulas de gauss.

Tal vez al final todo sea cuestión de narraciones. Si tuviéramos tiempo para escuchar las anécdotas, los relatos y la vida de algunas personas que consideramos normales nos sorprenderíamos de sus “rarezas”, de los retos vividos, o de la pasión que también cruza sus biografías.

Tal vez sea porque me resisto a creer en la normalidad tal y como nos la han contado, y la entienda más como reglas del juego que como algo que defina a los jugadores que nos toca jugar en ese tablero. Y, claro, no creer en la normalidad me lleva sin remedio a no creer en la anormalidad, a no creer en una ni en otra más allá que como un juicio de valor.

Yo soy más perdedor que ganador, más de minorías que de multitudes, más de dudas que de certezas, creo que encajaría mejor en los moldes de “seruntipoalgoextraño” que en los de “seruntiponormal”, Sin embargo  pienso que militar en la anormalidad acotándola, definiéndola y distinguiéndola es jugar el juego equivocado de la normalidad y  darle sentido a su discurso y a la injusta desigualdad que a partir de ella se ha creado.

Cuantos más relatos en primera persona escucho, menos entiendo lo que significa ser normal o anormal, convencional o extraño, capacitado o discapacitado,… Creo que más allá de lo aparente son difusos los limites entre unos y otros. No es cuestión de formas ni definiciones, sino de posibilidades y derechos. Lo que le da sentido y unidad, la única característica que al fin y al cabo comparten  los extraños, los (a)normales, los raros, los discapacitados,… no la encontramos en lo que son, si no en la falta de derechos y posibilidades que tienen para ser quienes de verdad son, para ser quienes de  verdad quieren ser.

No se trata de definir, sino de construir escenarios y comunidades en las que todas las personas se dejen ver como individuos únicos, en los que puedan encontrar sin miedo su voz, aprender a escucharlos y rediseñar la empatía. Esa lucha merece todo nuestra militancia y esfuerzo, en ella hay mucho por ganar.

“Diversificar la diversidad” aparece primero en La tiranía de la normalidad.

Cuando el “trabaja duro” no es suficiente. Estilos educativos e igualdad salarial.

Sabemos que correlación no implica causalidad. Imaginamos que las variables que deben intervenir en el coeficiente de Gini (mide la desigualdad de los ingresos dentro de un país) son muchas y variadas. Sin embargo, tomando todas las precauciones sensatas a la hora de sacar conclusiones, no dejan de ser interesantes los resultados de este estudio en el que se relaciona estilos educativos de madres y padres con la desigualdad de ingresos por países.

En esta investigación el estilo de crianza de los hijos se valoró utilizando el World Value Survey, un cuestionario, en el que, entre otras cosas, se les pregunta a las personas qué actitudes o valores consideran más importante en la crianza de los hijxs. Responder aquí con valores como la “imaginación” y la “independencia” de los niñxs correspondería con un estilo educativo más permisivo, mientras que las madres y padres más autoritarios se inclinarían más a señalar la importancia de “trabajar duro”.

A continuación se recogen algunas de las gráficas más significativas del estudio, en ellas se muestran la relación entre ambas variables :

  1. Fracción de padres que en un país concreto consideran importante un determinado valor: imaginación (fig.1), independencia (fig.2) y trabajar duro (fig.3)
  2. La medida de desigualdad de los ingresos -índice GINI- de cada país (valores más altos corresponden a más desigualdad).

im1

im2im3

Según señalan estos resultados, en las economías de la OCDE, los padres de países con mayor coeficiente Gini de desigualdad ponen más énfasis en el “trabajo duro” y consideran la “imaginación” y “la independencia” como valores menos importantes en la crianza de sus hijos. Por el contrario, las madres y padres escandinavos destacan el valor de la “imaginación” y la “independencia”,  por encima de sus pares en el sur de Europa y los EE.UU,  lo que se relaciona con menores índices de desigualdad en los países nórdicos.

Sean los que quiera que sean los múltiples factores de todo tipo (económicos, sociales, políticos, educativos,,..) y a gran escala que median en la mayor o menor igualdad salarial  -por tanto también social-, parece que las formas de educar a nuestro hijxs es una de las piezas importantes por toda la transcendencia y peso que estas pautas de crianza tienen sobre la futura forma de vivir, relacionarse, trabajar, emprender, … ya en el mundo adulto.

La desigualdad es una cuestión principalmente estructural, de intereses y decisiones económicas y políticas, pero desde nuestras casas hay mucho por hacer.  De alguna manera el cambio social también está en lo cotidiano, a un nivel mucho más entrañable y privado, porque durante muchos años tenemos en nuestras manos el alma, las miradas y los corazones de nuestros hijos.

De ello también dependerá su futuro y por tanto el de nuestras ciudades y nuestros países.