El big data y la solución de problemas complejos

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Las nuevas formas de estar en el mundo (educar, ser ciudadano, viajar, comunicarnos, ser madres, comer, hacer deporte, aprender, consumir…) y de interaccionar con él, con uno mismo y con los demás a través de las nuevas tecnologías permiten la recolección continua de incontables datos de todo tipo. El almacenamiento y tratamiento de estos datos gracias a complicados algoritmos puede facilitar el análisis de problemas o realidades complejas: la predicción de tendencias en los mercados, de comportamientos individuales o colectivos,   el éxito de nuevos productos, la reacción de un grupo de ciudadanos ante nuevas decisiones que les puedan afectar, la (re)aparición de viejas y nuevas enfermedades,etc.

El acceso a tal cantidad de datos y su adecuado análisis puede ayudar en cierta manera a jugar a ser dioses, pues nos permite no sólo adelantarnos y ver el futuro, sino además construirlo, diseñar nuevos escenarios, nuevos problemas, nuevas soluciones, nuevos productos con los que la mayoría de las personas reaccionarán o interactuarán de la manera esperada,…

Más allá de estas cuestiones, los datos y las fórmulas tienen la capacidad de hacer invisibles a valores e ideologías. Pareciera que los datos pertenecen al ámbito de lo objetivo, que no están contaminados por la subjetividad, las creencias o los intereses personales o corporativos. Sin embargo no siempre es así, en muchas ocasiones esto no deja de ser más que un ingenuo deseo, en otras una interesada impostura. Los datos no son la realidad, los datos y sus algoritmos son una herramienta, una tecnología para medir, interpretar o intervenir en esa realidad.

En este escenario es importante entender en qué momentos el uso de grandes cantidades de datos para la solución de problemas complejos funciona de manera adecuada, ante qué preguntas y bajo qué condiciones es más probable que esta tecnología aporte conclusiones que sean verdaderamente ventajosas.  En esta charla TED, Sebastian Wernicke resalta el papel imprescindible que han de jugar los hombres y mujeres expertos en cada materia a la hora de analizar los resultados de estos complicados algoritmos y de asumir el riesgo de tomar decisiones a veces a favor a veces en contra de lo que el todopoderoso bigdata pudiera indicar.

So whenever you’re solving a complex problem, you’re doing essentially two things. The first one is, you take that problem apart into its bits and pieces so that you can deeply analyze those bits and pieces, and then of course you do the second part. You put all of these bits and pieces back together again to come to your conclusion. And sometimes you have to do it over again, but it’s always those two things: taking apart and putting back together again.

And now the crucial thing is that data and data analysis is only good for the first part. Data and data analysis, no matter how powerful, can only help you taking a problem apart and understanding its pieces. It’s not suited to put those pieces back together again and then to come to a conclusion. There’s another tool that can do that, and we all have it, and that tool is the brain. If there’s one thing a brain is good at, it’s taking bits and pieces back together again, even when you have incomplete information, and coming to a good conclusion, especially if it’s the brain of an expert.

 

 

Nota: La imagen es la pintura “El astrónomo”(1668), de Johannes Vermeer.

Sociología urbana: las ciudades que nos habitan.

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Comienza en la Universidad de Jaén este mes de noviembre el II Máster en Accesibilidad para Smart City: La Ciudad Global, dirigido por Yolanda María de la Fuente Robles, en el que tengo la suerte de participar como docente de uno de los bloques de contenidos: La ciudad y su evolución. Se trata de un tema en el que intento contextualizar la ciudad y lo urbano desde la sociología, haciendo un recorrido por las principales propuestas que sobre la ciudad han ofrecido las distintas corrientes que se han ocupado de ella a lo largo del último siglo.

No hay suficiente Prozac en el mundo para que la gente se sienta bien al caminar por algunas ciudades.

A lo largo de este tema intento reflexionar junto con el grupo de alumnosyas sobre la ciudad, la planificación y la arquitectura desde el punto de vista de la sociología: la ciudad como el escenario en el que se facilitan unos roles u otros, en el que la igualdad, la pobreza o la diversidad son más o menos probables. De alguna manera se trata de analizar el trabajo de arquitectos, urbanistas o políticos como auténticos diseñadores de las relaciones, emociones y experiencias (públicas y privadas) de los ciudadanos que habitan estos espacios.

Para celebrar el inicio del curso, traigo aquí uno de los vídeos que compartiré en el máster. Se trata de una charla TED de James Howard, ejecutada con un lenguaje directo y dinámico, con algunos toques de humor y con muchos ejemplos de ese vínculo entre cómo se diseña y organiza el espacio público y la vida y las emociones de las personas que lo (sobre)viven. Paréntesis necesario porque, como dice este crítico social, “no hay suficiente Prozac en el mundo para que la gente se sienta bien al caminar por algunas ciudades”.

Transcribo a continuación, entre los muchos que merece la pena compartir, algunos subrayados literales que podrás encontrar en de la charla TED si te animas a ver el vídeo (20 min).

“Tu capacidad de crear lugares significativos con calidad y carácter depende totalmente de tu capacidad de definir el espacio con edificios, y emplear los vocabularios, gramáticas, sintaxis, ritmos y patrones de la arquitectura que nos indiquen quiénes somos.(…) El ámbito público nos tiene que indicar no sólo dónde estamos geográficamente, sino que nos tiene que indicar dónde estamos en nuestra cultura. De dónde venimos, qué clase de personas somos, y tiene que darnos un vistazo de nuestro rumbo para así poder vivir en un presente alentador”.

“La vida a mediados del siglo 21 se centrará en vivir localmente. Estén preparados para ser buenos vecinos. Estén preparados para encontrar vocaciones que los hagan útiles a sus vecinos y conciudadanos”.

“Por favor, por favor, dejen de referirse a ustedes mismos como “consumidores”. Ser consumidor no es lo mismo que ser ciudadano. Los consumidores no tienen obligaciones, responsabilidades y deberes hacia sus prójimos. En la medida en que usen la palabra consumidor en la discusión pública, estarán degradando la calidad de la discusión que estamos entablando”.